Continuamos con la quinta y ultima sesión de esta temporada del ciclo que hemos llamado Cine Social de Rivas.

Esta vez la película que proyectaremos el 08 de junio en la Sala Marcos Ana del Centro Cultural Federico García Lorca, es la de “Conducta”.

Hasta ahora y en las sesiones anteriores hemos contado con la asistencia de numerosas personas, prácticamente abarrotando el aforo de la sala y  que han participado en los debates posteriores.

Esta sesión, que al ser la ultima, hemos buscado el no coincidir con el final del curso escolar y por eso adelantamos la fecha, para buscar la máxima audiencia entre profesores, padres, madres y escolares.

Os adjuntamos Sinopsis y cartel de la película, rogamos vuestra asistencia y difusión,

SINOPSIS

Conducta retrata varias historias de niños que acuden a una escuela en La Habana, que se entrelazan gracias a la presencia de su maestra: Carmela. Ella ha dado su vida por la formación de sus alumnos durante décadas y en este particular punto de su vida (ya a un paso del retiro) interviene en la vida de dos chicos en particular: Chala y Yeni.

Sus historias son muy distintas: Chala es un chico que cría por igual aves mensajeras y perros de pelea y su madre es una prostituta alcohólica incapaz de ver por ella misma. Yeni es la mejor alumna del salón, pero su condición de asentamiento en La Habana es ilegal, lo que pone en peligro su posibilidad de ir a la escuela. Carmela cuida de todos los niños, pero comienza a resentir con mucha más insistencia la presión política y social que existe ahora en el sistema educativo.

Daranas explora cada una de estas historias, conduce pausadamente los desenlaces de todas ellas, mientras el elemento que los conjuga es Carmela, que reflexiona mientras lee una carta. A cada momento de reflexión corresponde un fragmento de historia, lo que va entretejiendo la realidad de los personajes y se convierte en el hilo conductor. Esto permite que la maestra hable desde su interior para conocerla a fondo.

Todos los niños del casting salieron de las mismas calles de los barrios donde fue filmada la película, lucen como parte del entorno y se funden con él. Chala, sin embargo, que resulta ser el personaje principal, sobresale por su energía y porque parece encarnar a un personaje con la fuerza que lo hace cualquier actor profesional. El chico mantiene diálogos intensos con su madre, se enfrenta a la sanguinaria experiencia de las peleas de perros, le levanta la voz a los profesores y directivos, tiene miedo y se asusta con el futuro, se enamora y ruboriza, y de pronto, desafiante en el techo, se le ve fuerte y seguro, mientras sostiene una paloma mensajera que él mismo ha criado.

Chala es el alma de Conducta  y es por él que la película avanza, por su bienestar, por su fortaleza. Él se convierte en la motivación de Carmela, que lucha con todas sus fuerzas por mantenerlo a flote, cuando a ratos parece que es él quien la mantiene viva. Viva porque se preocupa por ella, pero más aún porque le da una razón para vivir, cuando parece que lo ha perdido todo.

En la película pareciera que se explora la relación entre estos personajes, pero una mirada mucho más profunda reluce a través de la historia, cuando uno de sus temas principales es la forma en la que funciona el sistema educativo cubano, que se basa en la represión –en muchos sentidos- y cuyas herramientas son el castigo y los centros de “conducta” que tienen para niños problemáticos. Carmela representa a un profesorado que sabe la verdadera fórmula para criar a la niñez cubana: amor y disciplina, dos actos que parece que muchos de sus alumnos no han vivido y que pueden transformarles la vida, tanto como las calles llenas de peligros y tentaciones, ante la precaria realidad que seguramente muchos de estos niños viven. Carmela lucha contra el sistema, mientras que éste la presiona con todas sus fuerzas.

Mientras tanto, Daranas muestra las condiciones de Cuba, que sigue viviendo en una cápsula del tiempo con sus casas viejas sin mantenimiento, sus vehículos de los años cincuenta, sus calles descarapeladas, sus aulas que son iguales a las de hace cuarenta años, sus estufas viejas, su vida limitada pero que también siente felicidad por tantas otras cosas. El color del alma de los cubanos ilumina sus paredes grises y desechas; es la luz que emanan las personas la que enciende la bahía, mientras la cámara de Daranas captura todo y lo deja en la cinta como una gama de luces ocres semi coloreadas que da calidez a la historia, mientras alcanza a dibujar una sensación de incomodidad que contrasta con el azul del cielo y los destellos de luz en algunos elementos que cobran nueva vida, como el pizarrón de avisos del salón o el abanico rojo de Yeni.

Esta última película de Daranas ha involucrado en su proceso a muchas mentes jóvenes (tanto sus alumnos de cine como los jóvenes actores) y quizá eso la convierte en una historia aún más consciente, que tiene la perspectiva de varias generaciones que participaron activamente en su creación; pero lo hace con su guía llena de experiencia y que es capaz de producir momentos de mucha tensión, otros emotivos, algunos más de desesperación y desilusión, y hasta aquellos que tienen destellos de ansiedad por culpa del enamoramiento, y todo a través de movimientos de cámara que sutilmente muestran a los personajes en su entorno, viviendo en la ciudad que encierra toda su existencia, sin poder ver más allá de los límites que el mismo mar levanta.

La esperanza de vivir mejor está latente, y quizá la solución sí sea solo la disciplina y el amor que tanto pelea Carmela, y es esa necesidad de buscar soluciones lo que mantiene a flote a generaciones completas que quieren encontrar algo mejor más allá de los límites oceánicos.

 

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