Muchas veces se nos llena la boca hablando de privacidad, de cómo mantener nuestros datos a salvo, de cómo hacer para que ésta o aquélla empresa no te espíe y no sepa nada sobre ti pero, en realidad, todo esto es un mito. La privacidad, definida como la “parte más interior o profunda de la vida de una persona, que comprende sus sentimientos, vida familiar o relaciones de amistad”, no existe en el mundo contemporáneo. Y no existe, no porque no pueda existir, sino porque nosotros mismos hemos querido que no exista. Estamos controlados. Sin darnos cuenta, vamos dejando un rastro cada vez que utilizamos el móvil, internet, tarjeta de crédito, o simplemente paseamos por la calle. En los últimos años ha proliferado de una forma asombrosa el uso de las redes sociales, a pesar de que psicólogos y sociólogos alertan de los peligros que el constante uso de las mismas puede acarrear tanto a corto como a largo plazo, lo cierto es que no dejan de multiplicarse el número de cuentas y perfiles en todas ellas: Facebook, Tuenti, Twitter,  Instagram, WhatsApp, etc., el problema, en la mayoría de los casos, es que los usuarios no somos conscientes de los potenciales riesgos que acarrea el uso de las redes sociales, sobre todo en lo que se refiere a la protección de nuestra privacidad. Es cierto que muchas de ellas cuentan con mecanismos que permiten restringir el acceso de ciertas personas a la información privada – como por ejemplo Facebook – pero también es cierto que eso no es, ni de lejos, suficiente para proteger nuestra intimidad y evitar que la misma caiga en manos inapropiadas. Si tu cuenta es privada para que “solo te vean tus amigos”, ¿cómo es que tienes 600-700 seguidores en ella?  ¿Tantos amigos tienes?

Cada vez son más numerosas y sofisticadas las técnicas hacker desarrolladas para tener acceso a información privada de los usuarios de las redes sociales y de Internet en general y, mediante ellas, los expertos consiguen tener acceso no sólo a fotos o datos, sino incluso a comunicaciones privadas vía chat o e-mail. Según los expertos en seguridad informática,  4 de cada 10 usuarios de las redes sociales han sido víctimas de algún ciberdelito y en muchas ocasiones éstos ni siquiera son conscientes de que se ha violado su intimidad.
La mayoría de estos métodos están diseñados como auténticos anzuelos que captan la atención de la gente sin levantar sospechas sobre su ilicitud. Pero, ¿cuáles son algunas de estas técnicas utilizadas por los hackers? Uno de los clásicos métodos de delitos a través de las redes sociales, consiste en la creación de páginas web falsas con la apariencia de la red social en cuestión, con el objetivo de obtener la información del usuario cuando éste introduce su correo y contraseña para iniciar sesión. Otra famosa técnica que afecta especialmente a Facebook, la red social por excelencia, es la de un mensaje que llega y que promete ver quiénes visitan su perfil; al hacer click sobre el enlace, no sólo no se tiene acceso a la información prometida, sino que hemos permitido el acceso a nuestra cuenta. Y otra de las técnicas más empleadas es la de difundir falsos videos con morbo o contenido polémico de modo que se cae en la tentación de reproducirlo y con ello, no sólo permiten acceso al contenido privado de su perfil, sino que en no pocas ocasiones permiten la entrada de ciertos virus o malware en los dispositivos electrónicos.

Debemos cuidarnos muy mucho de una red wifi gratuita en espacios públicos – como por ejemplo un aeropuerto – para que la gente se conecte, pues puede ser un camino de acceso a todos los datos que se esté enviando a través de Internet, entre ellos usuarios y contraseñas. Podríamos ver sus perfiles de las redes sociales, hacer un robo de identidad, difamar su información, cambiar los ajustes de privacidad, acceder a sus claves del correo electrónico, chatear con sus contactos;
al contrario de lo que muchos podrían pensar, lo cierto es que este tipo de conductas, no sólo son llevadas a cabo por bandas organizadas o estructuras del ciber-crimen, sino que cada vez más son empresarios quienes quieren tener acceso a la información privada de sus empleados, o ciudadanos que quieren hacer lo mismo respecto a sus parejas, familiares, amigos o vecinos. No olvidemos que Internet es global mientras que la legislación es local y, a día de hoy, no existe ningún tipo de armonización a nivel mundial que regule esta cuestión porque Internet, no tiene fronteras.

Por ello, los usuarios debemos adoptar las medidas que estén a nuestro alcance para evitar dichas situaciones, tales como ser más cautelosos respecto a la información que publicamos en las redes sociales. A modo de ejemplo, los expertos en seguridad informática desaconsejan introducir en Internet demasiados datos personales así como fotos, direcciones, números de teléfono, posesiones materiales o costumbres y si aun así se llegan a producir violaciones contra nuestra intimidad, recomiendan denunciar los hechos. Esta recomendación es muy necesaria, sobre todo, para los más jóvenes, porque debemos entender que, en el momento en que un producto es gratis, el producto eres tú; no tú como tal, sino tu perfil. La publicidad online es el negocio del siglo XXI, y para que ésta funcione, se debe tener acceso a una ingente cantidad de datos que nosotros, los usuarios, cedemos a las empresas de forma completamente gratuita a cambio de nada, a cambio de que nos dejen subir nuestras fotos a su plataforma para compartirlas con nuestro amigos y, con mala suerte, con el resto del mundo.

Miguel F. Canser

www.cansermiguel.blogspot.com