Ya está elaborado el borrador del presupuesto del año próximo. Parece que el gobierno tiene ya los socios necesarios para poder aprobarlos. Ahora se pasarán por las Cortes, donde es posible que se hagan pequeños retoques, pero se mantendrá la esencia de los mismos.

Para hablar de impuestos en este país –ya sé que no le gusta a la derecha, que no cree en una justa redistribución de la riqueza– hay que empezar por saber que la presión fiscal en España representa un 34,4% del PIB, mientras que en Europa ese porcentaje es del 41,1, casi siete puntos más. Lo que quiere decir que en nuestro país se pagan pocos impuestos, contamos con menos prestaciones para inversiones y gastos sociales. Esto es: Sanidad, Educación, Vivienda, Pensiones, Trabajo o Dependencia, entre otros departamentos.

Seguramente, en principio, el hecho de pagar impuestos no es algo apetecible. Sin embargo, se trata de un derecho y de una obligación. No se puede pretender tener un Estado del Bienestar aceptable si no se tienen los recursos necesarios. Por lo que, si nuestro modelo es un Estado Social y Democrático de Derecho, es imprescindible pagar más impuestos, o sea hacer caja, para conseguir mantener unas prestaciones aceptables, como las tienen países de nuestro entorno, como Francia o Alemania.

Pagar impuestos, para muchos es una carga que preferirían no aceptar, eso sí, cuando se les ve las orejas al lobo –por ejemplo, una pandemia–, esos mismos pretenden que les salve el culo la Sanidad pública, que han dejado coja en los últimos años. Cuantos más impuestos se paguen, más mejorarán nuestros servicios sociales. Y el pago justo de impuestos debe ser de forma progresiva.

En los presupuestos de 2021, los ingresos sufrirán una subida. Eso sí, pequeña, yo diría insuficiente, y afectará, fundamentalmente, a los ciudadanos más pudientes. Una misión de los impuestos es redistribuir, por lo que se trata de que pague más, quien más tiene y que se cubran servicios vitales de los que menos poseen.

Pues bien, el aumento de impuestos del años próximo será aproximadamente de 5.600 millones de euros (a decir de expertos, se trata de una cifra inflada), lo que apenas hace aumentar nuestra presión fiscal –en menos de un punto– y nos mantiene lejos de la media europea.

El aumento del IRPF, por ejemplo, afectará (un 2% más) solamente a los que perciban más de 300.000 euros al año. Parece insuficiente y debería haberse aumentado los tramos a partir de los que cobraran más de 120.000 euros. Lo que supondría triplicar el aumento previsto, con el fin de obtener más ingresos y revertirlos en inversiones prioritarias en favor de los más necesitados.

Y qué decir de los impuestos de las empresas. No es aceptable que las más importantes ( por ejemplo, las del Ibex-35) tengan derecho a desgravaciones y exenciones fiscales que hacen que apenas paguen impuestos (de media entre un 5% y un 7%). Es inaudito, además de injusto, que las empresas con grandes beneficios paguen la cuarta o quinta parte de lo que pagan los asalariados. Y así nos va. Es aquí donde deberían aumentarse los impuestos. Bastaría con que estas grandes empresas tuvieran que pagar, al menos, el 15%, esto sí que sería un importante soporte de los ingresos.

Los otros impuestos, como las tasas Tobin y Google son razonables, así como los del IVA de los refrescos azucarados.

Es necesaria una reforma fiscal seria y completa. De forma que pague más quien más tiene. No se trata de hacer reformitas o acciones que apenas cambian las cuentas, porque nuestro Estado del Bienestar es algo que hay que reforzar, y no adelgazar como se ha hecho desde el año 2009.

La excusa de la pandemia no puede servir para aplazar más la necesidad de obtener más recursos. Ya veremos cómo, cuando se supere el coronavirus, la derecha seguirá tratando de beneficiar a los suyos y oponiéndose a que los que más tienen paguen más.

Si nuestra presión fiscal alcanzara la media de la europea podríamos disponer de unos 70.000 millones de euros más. De forma progresiva (en varios años) y con una reforma fiscal adecuada habría que conseguir más recursos, que nos pondrían a la altura social de los principales países europeos. Por cierto, aumentar la eficacia en la lucha contra la evasión fiscal y fomentar las reformas necesarias contra la elusión fiscal deberían ser un objetivo principal.

Salud y República