Ayer fue el primer día que volví a mi despacho tras el juicio de Taner. Convoqué a todos los trabajadores y trabajadoras de la oficina para contarles cuáles van a ser los próximos pasos pero también quería contarte a ti cómo fue el juicio.

Y es que defender los derechos humanos en Turquía se ha hecho mucho más difícil si cabe. La arbitraria, grotesca e inexplicable razón para mantener a Taner en prisión es difícilmente comprensible. Tras un año repleto de mentiras y de falsas acusaciones, dos informes policiales confirmaban que no se le puede atribuir a Taner nada de lo que se le acusa, y aún así, nuestro compañero va a seguir entre rejas hasta el 7 de noviembre como mínimo.

Ibamos cargados de esperanza, convencidos de que esta vez sí íbamos a poder abrazar a Taner. Pero como sabes, no pudo ser. Pudimos ver a Taner a través de una pantalla, mucho más delgado que en enero y cansado de tanta farsa, pero lleno de determinación. Recuerdo una frase que dijo cuando le visitamos en la cárcel que me dejó asombrado, y es que no puedo más que admirar la fortaleza y valentía de nuestro compañero. Nos dijo “Estos trece meses en la cárcel me han hecho ser aún más consciente de lo que significan los derechos humanos para mucha gente. Seguiré defendiéndolos dentro o fuera de prisión. Además, todos los mensajes y cartas que recibo de la gente de Amnistía Internacional me hacen sentir cada día que no estoy solo”.

Esa frase, es lo que nos tiene que guiar a pesar del palo tan duro que Taner acaba de recibir.

Todos estamos de acuerdo en una cosa, y es que no hay ninguna razón creíble para tanta crueldad. Pero ahí seguiremos, codo con codo, con el apoyo de las más de 133.000 personas que ya habéis exigido su liberación y de los más de 85.000 socios, socias y donantes que nos respaldan diariamente para que podamos seguir siendo independientes en este trabajo que, aunque es duro, es más que necesario.

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