Supongo que es un signo de los tiempos que vivimos esa sensación de velocidad por la cual parece que el mundo y la historia van más rápido y que apenas tenemos un momento para detenernos a valorar el curso de los acontecimientos. Todo es mucho más perecedero, lo que hoy se erige como un ‘Trenden Topic’ mañana apenas será recordado, las urgencias del debate público de una semana han sido aplastados por el presente absoluto de la siguiente. Y mientras, nuestras vidas también parecen ser más dependientes de esa vorágine, incluso materialmente: la precarización del mercado de trabajo y de las condiciones materiales de vida impide que las generaciones más jóvenes puedan arraigar en la expectativa cierta de un proyecto de vida estable. Así, cuando de repente tenemos el reflejo de mirar por el retrovisor, la perspectiva puede darnos hasta vértigo.

Escribo estas líneas cuando queda apenas un mes para que los vecinos y vecinas de Rivas acudamos a las urnas para elegir el próximo Pleno municipal de nuestro Ayuntamiento y, al frente del mismo, al próximo alcalde o alcaldesa. Es decir: han pasado ya cuatro años desde las últimas elecciones municipales. Cuatros años que, en el día a día, se han pasado volando y, sin embargo, que han dado para mucho trabajo en la gestión. Cuatro años en los que el conjunto del grupo municipal de Izquierda Unida – Equo nos hemos dejado la piel y muchas horas, y algunas canas que no teníamos, y mucha suela de zapato gastada, tirando para adelante con un proyecto de ciudad del que podamos estar orgullosas todas y todos quienes vivimos aquí.

No pretendo hacer ahora un balance detallado, pero sí volcar una reflexión que ha inspirado nuestro compromiso y que, creo, se percibe en sus resultados. Cuando hablamos de esa precarización general de nuestras vidas a la que parecemos condenadas –la inestabilidad laboral, los bajos salarios, la carestía de la vivienda, la privatización progresiva de la sanidad o la educación, la incertidumbre de nuestras pensiones públicas- no nos resignamos a no poder generar certezas, anclas que transformen nuestra vida cotidiana en algo mejor, y a hacerlo desde lo cercano. Por eso hemos reducido la deuda municipal para depender menos de los bancos y poder invertir más en las necesidades reales. Por eso hemos peleado contra los abusos bancarios en el caso del ‘impuesto de las hipotecas’ llevándolo hasta el Constitucional, por eso no pagamos ni un céntimo como ayuntamiento por nuestros consumos energéticos a aquellas grandes empresas que no dudan en cortar el suministro a quienes peor lo están pasando, por eso hemos invertido en un nuevo colegio público y en obras de mejora en el resto de coles –que debería asumir la Comunidad de Madrid-; por eso hemos entregado más de 300 nuevas viviendas protegidas de la EMV y mejorado su sistema de alquiler público; o por eso hemos cedido recientemente una parcela municipal para una cuarta estación de Metro.

Y con ese ímpetu, miramos al futuro. Seguimos caminando con orgullo.