Más de un mes de encierro y los contagiados se siguen contando diariamente por miles, los muertos por centenares y los que se curan son un goteo demasiado lento. Es verdad que las UCIS y los hospitales empiezan a estar menos colapsados, pero aún siguen faltando camas, respiradores, material de prevención y personal suficiente para atender a los miles y miles de contagiados.

Y del resto de las enfermedades que se atienden en los hospitales, ya ni se habla. Se han paralizado prácticamente todas las intervenciones programadas, las consultas de control y todos los casos que no sean de extrema gravedad.

Conclusión: el sistema no estaba preparado para atender una pandemia como esta, a los distintos gobiernos nacional, autonómicos…, les ha pillado ‘ausentes’. Y tendremos que analizar por qué tanta precariedad: la sanidad pública ha sido desmantelada por los gobiernos buitres de la derecha; toda la industria básica de recursos, hace tiempo que fue deslocalizada a países donde la producción era más barata (ahora lo hemos pagado con creces); los gobiernos han reaccionado tarde y de manera poco contundente, probablemente sus deudas con los poderes financieros hayan sido la causa de tantos desaciertos y tanta lentitud en actuar.

Al principio del ‘estado de alarma’, parecía que los distintos partidos políticos representados en el Parlamento, iban a actuar al unísono, que todos apoyarían al Gobierno, pero esto duró lo que una ilusión, enseguida los carroñeros de la derecha han querido rentabilizar la desgracia colectiva y sacar partido de ella. Las críticas al Gobierno se han sucedido desgarradoras, desleales y falsas en numerosas ocasiones. Y lo peor aún queda por venir.

Está claro que el Gobierno de la nación no lo ha hecho todo bien, debería haber implantado ‘la renta básica’ desde el inicio para los que no tienen trabajo y asegurar el ‘salario mínimo interprofesional’ para todos los que estaban trabajando, aplicando exenciones también a la empresa para que cubran el resto, y con todo comprometiéndose a que no hubiera ni un despido (así lo han hecho en otros países). Y no que el Gobierno ha ido decretando parches uno tras otro, que probablemente le será más costoso a las arcas del Estado, que no resuelve los problemas de la mayoría de los autónomos, pymes, parados sin derecho a subsidio, jóvenes que no han trabajado nunca…, y más. Y que a los únicos que ha facilitado el negocio es de nuevo a los bancos (que son quienes tienen que gestionar los supuestos créditos blandos), aprovechando ‘que el Pisuerga pasa por Valladolid’ y en ese cajón de sastre, meterán toda su deuda irregular, los créditos fallidos, los de dudoso cobro, etc., puesto que el Estado avala hasta con el 80%, y de nuevo las pérdidas las pagamos entre todos. Y ya nos enteraremos de sus vergonzosos beneficios en tiempos de crisis, como en la anterior en la que tuvieron que ser rescatados con dinero público.

Otro tema será la recuperación de los derechos constitucionales. Nos hemos encerrado todas las personas obedeciendo órdenes aunque no somos soldados, estamos en guerra, ni hemos elegido a los militares que salen cada día por televisión. Estamos dispuestos a sacrificarlo todo, incluso nuestra intimidad, en aras de la preservación de la salud. Ahora nos proponen hacernos test y en caso de riesgo, separarnos de nuestras familias, solo falta el aspa en la puerta de nuestras casas o la estrella amarilla en la solapa. Hasta se comenta de una aplicación en los móviles para control sanitario. La pregunta inmediata es ¿solo con fines médicos? Porque parece que algunos gobiernos asiáticos ya han aplicado estos softwares capaces de leer la presión sanguínea, temperatura, etc., cuando los dedos tocan la pantalla del teléfono y enviar los datos a una central de control, que a su vez avisa a los cercanos si esa persona está enferma. Ya estamos localizados mediante el GPS o las miles de cámaras que constantemente nos vigilan. ¿Dónde vamos a llegar? La experiencia nos dice que los derechos que nos arrebatan, son muy difíciles de volver a conquistar, y en este caso se trata de nuestra libertad individual y nuestra intimidad.

Sin despistarnos de lo anterior, nuestra preocupación fundamental será ¿cuántos de nosotros vamos a poder recuperar el trabajo?, ¿cuántos nuevos puestos de trabajo se van a crear para posibilitar la vida a los millones de desempleados que la crisis vírica dejará?

Saldremos de ésta sí, pero bastante ‘tocados’ y, si no estamos alerta, perderemos mucho más que la salud.

JuanM. del Castillo