Desde la época de los Austrias hasta hace relativamente poco tiempo, se estuvo barajando la idea de poder llegar navegando desde Madrid al mar. Unir la capital de España con Aranjuez y desde allí, por el río Tajo, salir por Lisboa al Atlántico era uno de los sueños de la realeza.

Durante  el reinado de Carlos III, y a través de la iniciativa privada de C. Martinengo, se concretó el proyecto de un “Canal Navegable”. En 1770, el Rey concedió los permisos y privilegios necesarios mediante Real Cédula para la ejecución de esta faraónica obra. Bastante tiempo atrás, con el fin de comprobar su viabilidad, ya se habían remontado los ríos Tajo, Jarama  y Manzanares, navegando en una chalupa desde Lisboa hasta Madrid; pero la diferencia de altitudes, 650 metros, y la distancia, de más de 600 kilómetros, requerían una impresionante y compleja infraestructura, que convertirían el proyecto en algo casi imposible.

Así pues, Madrid y Vaciamadrid tuvieron “puerto de mar”. El de la capital estuvo situado en el Paseo de Santa María de la Cabeza, cuyo tramo final se llegó a llamar Paseo del Canal. Este puerto se construyó aprovechando los antiguos lavaderos del Hospital General de San Carlos. Hubo que añadir una dársena, almacenes y unos hornos de yeso, hornos que procesaban el yeso crudo procedente de las zonas del sur de Vallecas y que llegaba por el mismo canal. El nombre actual de Paseo de Yeserías procede de esta actividad de elaboración y distribución del yeso. Este canal se utilizó durante muchos años para transportar a la ciudad de Madrid yeso y piedra, así como enormes cantidades de otras materias primas. Sin embargo, en 1862 el ferrocarril le ganó la partida. Los trenes podían transportar más fácil y económicamente todos esos materiales. Finalmente, con el fin de evitar la transmisión de la malaria (paludismo), algo que el Canal favorecía, el Ayuntamiento tomó la decisión de que fuese cegado.

Por su parte, en Vaciamadrid se proyectó un embarcadero, pero al poco de iniciarse las obras se decidió no continuar adelante y que el canal solo fuese navegable hasta la décima esclusa, justo en el límite de nuestro municipio con Madrid. Así, de esta forma, dejamos de ser puerto de mar.

En la actualidad, quedan bastantes vestigios del Real Canal del Manzanares en las cercanías de nuestro municipio, los cuales se conservan en perfecto estado; incluso, alguna de las esclusas sigue en pie. Desde el puente-acueducto sobre el arroyo de Los Migueles, se intuye la silueta del puerto, ese que pudo ser y no fue.

Hace ya varios años que el Grupo de Investigadores del Parque Lineal del Manzanares (GIPL) lleva realizando un ingente y maravilloso trabajo de documentación y divulgación, además de organizar estupendas visitas a este patrimonio de gran valor histórico, paisajístico y medioambiental. Para quien quiera ampliar información, le aconsejo visitar la web de esta asociación: www.parquelineal.es

También te puede interesar