Estamos empeñados en  superar la crisis del Covid-19, volver a la normalidad, reconstruir la economía. Pero, ¿de qué normalidad y reconstrucción estamos hablando?. Porque, antes de la pandemia, no pocos economistas ya detectaban tambores de crisis en el horizonte. ¿Estamos hablando de volver a esa situación anterior?. Es necesario reactivar la economía, pero, ¿con los parámetros  anteriores o ensayando nuevas medidas?

       Las crisis económicas son  los parones de este sistema porque los poseedores del capital no tienen incentivos para invertir, al disminuir su expectativa de ganancia. Según el principio liberal, se  resuelven con más explotación a los trabajadores.  Así – dicen – se impulsa de nuevo la inversión por las expectativas de beneficio, se recupera la economía productiva, se empieza de nuevo a crear  empleo y los trabajadores recuperan su poder adquisitivo.

Sin embargo, en estos últimos años, el tratamiento liberal de la crisis no había dado estos resultados: En nuestro país, las rentas de los grandes accionistas han crecido significativamente, se ha quintuplicado el número de personas millonarias, mientras que las de las mayorías sociales han descendido. Desde 2008, los beneficios empresariales,  han crecido un 11,3 %, los sueldos y salarios sólo un 0,08% .

Y, a pesar de todo, la economía productiva no se recuperaba. La austeridad impuesta a  las mayorías sociales estaba provocando la paralización del aparato productivo, ya que la demanda interna que dinamiza el crecimiento iba perdiendo fuerza, por la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.

         Porque, mientras tanto, los beneficios de los accionistas  no iban prioritariamente  al  sector productivo de la economía, sino a los sectores de mayor y más rápida rentabilidad: el sector especulativo. La inversión productiva se encontraba  un 30% por debajo de los niveles de 2008. En consecuencia, la actividad económica no se  reactivaba .

 Eminentes economistas concluían a finales de 2019:  “Las políticas de austeridad frente a la crisis de 2008 fueron un engaño, un «austericidio» que dio como resultado todo lo contrario de lo que sus inspiradores decían que se conseguiría: afirmaron que eran imprescindibles para crear empleo y disminuir el endeudamiento, pero lo que hubo después de haberse aplicado fue más deuda, menos y peor empleo y más baja actividad económica.” (1)

       Habrá, por tanto, que poner en marcha otras medidas para la reconstrucción económica, si queremos llegar a  otros resultados. La ciencia económica muestra  que hay  alternativas,  que no se  llevan a cabo porque  el poder de las élites financieras nacionales e internacionales son, hoy por hoy, determinantes en las políticas de los gobiernos.

Indicamos algunas :     –   Promocionar la demanda:  “ Quantitative easing” (Expansión cuantitativa) es el nombre de la iniciativa de préstamos al 0 % que los últimos años ha puesto en marcha el Banco Central Europeo para rescatar a los bancos: 4,4 billones de euros. Teóricamente para que los bancos lo repercutieran en la economía productiva, cosa que no ha sucedido. Se han priorizado las inversiones más rentables para los beneficios de los accionistas. .

Es necesaria una “expansión cuantitativa”  para financiar la economía productiva. Con estos billones de euros se puede impulsar la demanda promocionando políticas redistributivas: derogando reformas laborales, adaptando las pensiones al nivel de vida, o las  prestaciones de desempleo. Surgen cada vez más voces para que las inyecciones de liquidez del BCE vayan directamente al bolsillo de los ciudadanos.

–  Reforma fiscal:             La misma OCDE insiste en que los Estados han de recaudar los impuestos que necesitan para mantener los sistemas de bienestar y dejen de ser burlados por la ingeniería fiscal de las multinacionales. En nuestro país, además, necesitamos una reforma progresiva que nos homologue en extensión y equidad a la contribución tributaria europea. Estamos en el 6,4% de PIB por debajo de la media de la Eurozona.

Su homologación con la media europea supondría unos 60.000 millones más de ingresos anuales. Lo que permitiría que el Estado pudiera aumentar su gasto público para financiar políticas de inversiones productivas y redistributivas, mejorando los servicios públicos para garantizar y ampliar  los derechos sociales proclamados en la Constitución. También esta medida supondría un importante aumento de economía productiva, de puestos de trabajo y mejora del nivel de vida de las mayorías sociales

       Permitiría también tomar medidas redistributivas para un nuevo contrato social que incluya una subida generalizada de los salarios más bajos y una puesta al día de la protección social. O realizar inversiones para una modernización del aparato del Estado y  la transición ecológica. Medidas igualmente que favorecerían la economía productiva y la creación  de empleo.

Reactivemos la economía, pero analicemos la experiencia de crisis pasadas para no tomar unas medidas que no nos han llevado a una recuperación económica estable, sino al crecimiento de la desigualdad que da lugar a nuevas crisis.

NOTAS

(1)  Juan Torres  “Europa vuelve a equivocarse”, nueva tribuna, 29-9-2019

Eubilio Rodríguez Aguado