Desde este modesto medio de comunicación (Zarabanda) llevamos 27 años pugnando por la información crítica, por el análisis constructivo de la realidad cotidiana y sobre todo por la unidad de la izquierda. Pero lo cierto es que, como muchos, sentimos cierta sensación de fracaso: el dinero y los medios de los poderosos nos ‘ganan la partida’.

En los editoriales de los últimos meses venimos razonando ‘que hay objetivos más elevados’ que las meras cuitas personales, que los posibles errores de gestión del día a día, que la claudicación ante el posibilismo del momento, etc. Nuestros objetivos prioritarios, los de toda la izquierda, son dos: gestionar desde el poder real, e impedir el avance de las ideologías devoradoras de derechos. Todo  ello para conseguir una sociedad más respetuosa con el  planeta, más justa, más igualitaria, en libertad y que respete todos los derechos fundamentales de las personas.

Pero la verdad, como hemos repetido hasta la saciedad, es que la derecha va avanzando en el mundo con pasos de gigantes, solo tenemos que ver lo que ocurre en EEUU, Brasil, Argentina, Polonia, India, Paquistán, Israel, Egipto, Irak, Libia, Alemania, Italia, Francia,…, por poner solo algunos ejemplos.

Acabamos de comprobarlo en España. La primera vez en democracia que un partido de ultraderecha accede a un parlamento, el de Andalucía. Un partido que a tenor de sus postulados quizás debiera estar ilegalizado, ya que son muchos los derechos fundamentales que no respeta en su programa.

Pero no es eso lo peor, lo verdaderamente preocupante es que ahí están el Partido Popular y Ciudadanos (los dos partidos de derechas que se dicen demócratas), pugnando por asumir muchas de las premisas de Vox, por agradar a los 12 diputados obtenidos en las elecciones, invitándoles a un pacto para hacerse con el control de Andalucía (de momento). Esto supone en la práctica la legitimación de la ultraderecha y la invitación a colarse en otros parlamentos incluido el nacional.

¿Y de quién es la culpa de todo esto? Yo creo que es de todos un poco: Una política europea austericida que ha aumentado los sectores pobres y dejado sin futuro a las generaciones más jóvenes. El independentismo catalán auspiciado inicialmente por los poderes económicos y que las derechas han aprovechado para ‘cerrar filas entorno al patrioterismo y la unidad nacional’. Un Partido Socialista legislando durante tantos años a favor de los más ricos (en muchos casos), con muchos de sus dirigentes forrados y posicionados en las grandes empresas a las que han favorecido mientras estaban en el gobierno, otros tantos procesados por prevaricación, corrupción, etc. Los del Partido Popular haciendo lo mismo, pero además alardeando prepotencia y abriendo brechas entre pueblos, entre clases sociales y robando a manos llenas, con una gran mayoría de sus principales dirigentes imputados por corrupción o en la cárcel. Y Ciudadanos abriéndose hueco, recibiendo la lluvia de dinero procedente del estamento financiero español, además de otros, haciéndose con la herencia de la derecha ante la descomposición del PP, sin ideología, sin programa,…, aprovechando la ocasión, apropiándose de cualquier contenido o circunstancia en beneficio propio, fieles únicamente a su voracidad de poder y a una obediencia ciega a quienes les sostienen con cerros de dinero.

Podemos podría ser un soplo de esperanza, nació con el espíritu del 15M y tuvo una acogida espectacular, pero el poder político, el poder financiero y los medios de comunicación de derechas (en la práctica todo el poder efectivo) se han encargado de enturbiar su imagen. Pero también Podemos y sus dirigentes han contribuido muy mucho en la pérdida de confianza de la gente, en la pérdida de ilusión, en el ‘todos son iguales’. Sus cuitas internas, el descabezamiento repetido de sus cabezas visibles, posturas poco explicadas, errores no asumidos, actitudes personales poco entendibles, etc. Podemos ha dejado de ser referente para muchos de los que fueron inicialmente quienes les apoyaron y les votaron.

Un ejemplo claro es el de Rivas donde algunos pocos se erigen como los tenedores y defensores de las esencias, y otros pocos se empeñan en que la gestión se hace en el día a día, desde el Gobierno y de acuerdo con las posibilidades de cada momento, siempre que los objetivos sigan estando claros y la honradez y la transparencia prácticas cotidianas.

Ahora todos y todas tenemos elementos de juicio suficientes, podemos seguir esgrimiendo el ‘nosotros tenemos la razón’, podemos seguir dividiendo la izquierda,… Pero en Rivas ya estamos todos: los de izquierdas, los progresistas, los de derechas, los de ultraderecha y más… ¿consentiremos entre todas, que Rivas deje de ser referente para la izquierda del país?

JuanM del Castillo