— Y la pregunta del millón… ¿Es cierto que podrían desaparecer en un futuro?

Por sorprendente que pueda parecer, hacia eso apuntan algunas evidencias científicas. Es muy preocupante ver el calamitoso estado en el que se encuentran muchas poblaciones de insectos en todo el mundo. Cada vez es más obvio que, en muchos sentidos, la naturaleza del planeta Tierra está colapsando y que habrá que hacer un gran esfuerzo para poner freno a esa tendencia: el mundo de los insectos no escapa a esa tónica general y es más, su declive va mucho más acelerado.

Cada uno de nosotros tiene y cuenta “anécdotas” al respecto. Se puede argumentar que son sólo eso, anécdotas, pero ilustran perfectamente lo que estamos explicando. Tres ejemplos: muchas personas dicen que, en los viajes largos en coche, apenas tienen que limpiar el parabrisas, mientras que hace años, tenían que hacerlo constantemente. Contaré dos míos. Cuando era pequeño —ya ando por los 63— cualquier farola de las ciudades pueblos se llenaba de cientos de insectos de los más variados —polillas, escarabajos, moscas, avispillas— que revoloteaban sin parar alrededor de las luces. Actualmente en las de las ciudades no ves ni un solo insecto y en los pueblos, incluso en los más apartados y agrestes, te las ves negro para localizar muchos insectos que antiguamente eran abundantes. Otro ejemplo: yo estoy especializado en los escarabajos coprófagos —varios cientos de especies en España y números poblacionales ingentes—; son responsables del reciclado de los excrementos del ganado y, entre otros ecosistemas, su labor es básica y fundamental en la recuperación pastoral de nuestras praderas y dehesas. Pues bien, están desapareciendo a un ritmo impensable, tanto cuantitativamente como, en casos extremos, en ciertas especies, poblaciones enteras.

(Continuará)
José Ignacio López-Colón