El modelo de ciudad por el que apostó Rivas hasta 2004 representaba una propuesta de calidad de vida en armonía con el medio ambiente. Las zonas verdes ocupaban un porcentaje elevado de ciudad, se promovía el cooperativismo, en general se planificaban las infraestructuras adecuadas antes de la construcción de nuevas viviendas, tratando que todos los barrios tuvieran los servicios necesarios y estuvieran dotados de espacios comunitarios suficientes, intentando corregir desfases o desequilibrios en algunas zonas, algo que siempre puede ocurrir en una ciudad en crecimiento.

Es comprensible que para crecer en sostenibilidad y servicios ciudadanos, se tenga que plantear un cambio en la relación entre vivienda unifamiliar y construcción en altura, pero esto no justifica lo que está sucediendo en algunas zonas de Rivas, donde parece que se rompe la coherencia con el modelo por el que se apostaba.

Este modelo se puede seguir reconociendo en algunas zonas y barrios más consolidados, pero no lo es en otros (que incluso se quedaron a medio construir durante años por la crisis anterior), barrios donde el afán expansionista y el sentido financiero- especulativo, unido a una falta de planificación previa, están primando sobre otras consideraciones, incidiendo negativamente en la habitabilidad y convivencia, produciendo agresiones medioambientales.

Esto llega a dañar incluso el sentido de pertenencia a esta ciudad. Una ciudad de la que muchos nos hemos sentido orgullosos y de la que se ha llegado a hablar en numerosos espacios internacionales como “modelo de ciudad”, en varios sentidos: “Ciudad amiga de la Infancia”, “Ciudad Educadora”. “Ciudad Verde”… resaltando aspectos de inclusividad social, de solidaridad y de fomento de los aspectos relacionales e interculturales.

En consecuencia, aparecen aspectos de los que nos podemos quejar, tales como la falta de plazas públicas en centros educativos o de infraestructuras y recursos sanitarios públicos (técnicos y humanos). Aquí hemos de diferenciar el enfoque, ya que en este caso, si no se consiguen no es por falta de empeño de las autoridades municipales, al igual que la salida a la M50. No obstante, por esas cuestiones debemos luchar unidos, apoyando en este caso a nuestros representantes en el municipio.

La falta de sentido de pertenencia, la disminución de una convivialidad positiva entre vecinos, por inexistencia de espacios adecuados, así como el aluvión de personas recién llegadas, sin que exista tiempo ni espacios para crear conciencia de barrio y de ciudad, añadida a la falta de capacidad para atender los problemas de infraestructuras y servicios no planificados o realizados, incide negativamente en el cuidado de la ciudad como un espacio común y deja más lugar a las actitudes incívicas y poco solidarias.

Es fácil quejarnos de problemas concretos que nos afectan en el día a día, pero si nos quedamos atrapados en eso perdemos visión y fuerza, quedándonos en una batalla individualista y pobre, sin mucho recorrido. En cambio, si conversamos y compartimos con otros vecinos y vecinas nuestras quejas, inquietudes y aspiraciones y escuchamos las de otros, y alargamos la mirada, podemos alcanzar un enfoque más comunitario, más vecinal, más de barrio.
Los procesos deseables, que algunas personas aspiramos a promover, son los que convierten las quejas en justas reivindicaciones, con principios de solidaridad, conciencia de pertenencia y colaboración ciudadana. Muchos foros o grupos de vecinos, a través de la red, se quedan en espacios de desahogo, donde no se verifica ni se contrastan informaciones, no se analiza en profundidad y, sobre todo, donde no se construye de forma colaborativa, ni se intenta dialogar con las instituciones, para promover y negociar alternativas y propuestas de mejora a aquello que va en detrimento de la ciudad y del bienestar de sus habitantes.

De ahí la importancia de crecer en este sentido de pertenencia, de corresponsabilidad y de colaboración lo más unitaria posible, dentro de unos principios básicos, para logar unos barrios más cohesionados y coordinados entre sí, en el empeño de seguir desarrollando un modelo de ciudad basado en esos principios que se nos presentaron como emblemáticos de este municipio y que a muchas y muchos nos atrajeron a vivir aquí.

Este afán y la conciencia de que entre todos hacemos ciudad, es el que nos ha llevado a un grupo de vecinas y vecinos a constituirnos como asociación, para poder canalizar de forma positiva estas quejas o propuestas, así como a dialogar y colaborar con las instituciones por una ciudad mejorada y cohesionada. Estamos en los inicios. Apenas hemos hecho más que redactar los estatutos e inscribirnos como Asociación. Los que hemos empezado esta iniciativa llevábamos dos años canalizando algunas modestas propuestas ciudadanas, de las cuáles algunas se han logrado recientemente; y en ese recorrido mismo es donde nos hemos conocido. Unos vivimos en pisos y otros en chalets.

Nos hemos llamado Asociación vecinal “Ladera del Almendro”, buscando un toponímico que nos representara y que indicara también el sentido de inserción de lo urbano en el paisaje y de compromiso medioambiental. En este otoño, cuando ya tengamos el registro, haremos, si es posible, una reunión informativa presencial, para presentarnos como asociación y también iremos informando a través de los medios de Rivas.

Os instamos a que, cada cual desde donde esté, se anime a colaborar en este camino de sentirse parte activa y colaborativa, para hacer una ciudad más humanizadora, habitable y solidaria.

Asociación Vecinal Ladera del Almendro

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