El pasado 14 de agosto, un misil israelí impactó de madrugada en una de nuestras escuelas en el campamento de refugiados de Shati. Por suerte no hubo heridos, pero el terrible impacto coincidió con los días en que los niños las niñas deberían haber empezado de nuevo sus clases en nuestras escuelas, tras meses de confinamiento.

Estaban (estábamos) felices porque reabrir los colegios ha supuesto un esfuerzo enorme. Ahora, sin embargo, están agotados, frustrados, tristes. La historia se repite pero la situación de la población refugiada de Palestina es ahora mismo más difícil que nunca.

Mientras te escribo, se cumple el noveno día de bombardeos israelíes sobre la Franja de Gaza. Ocho días de fuego y explosiones, ocho noches de miedo para los niños y niñas palestinos. También para sus familias, que de nuevo se preguntan: bombas, ¿otra guerra, una vez más?

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Los bombardeos se unen a una serie de medidas anunciadas por Israel que, sin duda, complicarán aún más la terrible situación de la población de Gaza. Entre otras, Israel ha cerrado todo el acceso al mar para que los palestinos no puedan faenar y ha cortado toda la entrada de combustible. Si la situación se mantiene, en breve dos millones de personas se quedarán a oscuras en la franja.

¿Cómo soportar esta situación?

Desde UNRWA afrontamos la noticia con mucha preocupación porque somos muy conscientes de que todo esto empeora unas circunstancias extremendamente preocupantes. Nuestra capacidad para suministrar ayuda humanitaria está muy debilitada tras meses de emergencia por la pandemia de coronavirus, pero te aseguro que estamos haciendo todo lo que está nuestra mano por evitar una tragedia mayor.

La población refugiada de palestina necesita nuestro apoyo y nuestra solidaridad más que nunca, por eso te pido que te unas a UNRWA y nos ayudes a ayudarles.

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