Como personas relacionadas con el mundo educativo, y como ciudadanía, cada vez sentimos un mayor hartazgo, acompañado de una gran desazón, al comprobar cómo se va deteriorando el diálogo político y mediático.

Cuántas veces pensamos que si esos ejemplos se dieran en nuestros centros educativos nos veríamos obligados a intervenir y reconducir la situación. En ellos no aceptamos que se produzcan grupos que se nieguen unos a otros, no admitimos el enfrentamiento, el insulto y la descalificación sin sentido. En el aula nos dotamos de unas normas básicas de convivencia que parten del reconocimiento de las demás personas, de la aceptación y el debate a partir de la discrepancia de opiniones o de opciones. No todo vale, no son válidas actitudes de rechazo, desprecio o maltrato. Hay límites que vienen marcados por el respeto democrático y la necesidad de compartir vivencias.

Sin embargo, las llamadas tres derechas, y los medios de comunicación que les dan cabida, llevan años en una línea de enfrentamiento y rechazo hacia los que no comparten su visión utilizando la descalificación personal, la manipulación emocional y un falso argumentario que no busca el diálogo, sino el monopolio ideológico y la imposición de sus ideas como única vía aceptable para resolver la convivencia. Desde su “autoridad”, niegan la realidad y descartan iniciar cualquier tipo de diálogo. Nada sirve, salvo lo que ellas plantean. Además sus propuestas no responden a los intereses comunes de la sociedad, sino que optan por defender los intereses de una parte, la más favorecida, en detrimento de quienes no son como ellos, ni disponen de las mismas posibilidades.

Y el debate de la nueva ley de educación –LOMLOE- nos ha permitido ver de nuevo este tipo de planteamientos y de reacciones con toda su crudeza. No han podido frenar la nueva ley, pero no cesan. Siguen generando unas corrientes de opinión cargadas de emociones negativas, de rechazo, de enfrentamiento, de negación de las diferencias que repercuten en el quehacer cotidiano, y refuerzan unos modelos de relación altamente perniciosos. Siguen transmitiendo el mensaje de que la nueva ley atenta contra la libertad, el derecho a elegir, la educación inclusiva, el futuro del español… y que será necesario volver a cambiarla en cuanto sea posible. Su reacción ante la aprobación de la ley, es un completo muestrario de lo que no es aceptable en democracia. Su dinámica y estrategia deterioran nuestra convivencia, nuestra democracia, nuestra educación

Ante esta situación no valen los paños calientes, ni la equidistancia. No podemos aceptar que sigan, desde su falta de respeto e incapacidad para el diálogo, marcando la agenda ni limitando nuestra mirada para que reduzcamos nuestros deseos y nuestras ansías de progreso y justicia social.

No olvidemos que a pesar de todo, la ley se aprobó por mayoría y sigue su andadura hasta su aprobación final.

Aunque no es la ley que soñamos, su puesta en marcha supondrá mejoras en nuestro sistema educativo. (Sin olvidar que ya no estará la Ley Wert).-

Colectivo EQS Miembros del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular

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