Se han acentuado en los medios y en las conversaciones los comentarios negativos sobre la evolución de nuestra ciudad  y los comportamientos del gobierno municipal de Rivas.

Contribuye a ello la explosión desorbitada de la construcción privada de vivienda y el abandono de la pública, que contrastan con el encarecimiento del alquiler de vivienda que impide a muchos jóvenes quedarse a vivir en Rivas.

También se señala la alarmante desmotivación de los trabajadores municipales y de Rivamadrid, con carísimos despidos declarados improcedentes, así como la aparición de oscuros transfuguismos politicos en el ámbito local y la indignación por la concesión privada a un fondo buitre durante 40  años de un polideportivo en el barrio de la Luna.

Todo ello, unido a la acumulación de problemas de transporte, limpieza, deterioro del viario púbico, sanidad, seguridad, deportivos, falta de transparencia así como de dotaciones públicas o servicios – de los que si disponen localidades de menor población – alimentan una sensación creciente de agotamiento del equipo municipal y de alejamiento del estilo  de ciudad innovadora y diferente que durante tantos años caracterizó a Rivas.

Bien es cierto que parte de lo adquirido en el pasado – con anteriores gobiernos municipales – permanece aún en nuestra ciudad y que los nuevos vecinos, los últimos en llegar, así lo aprecian todavía, pero crece la nube del desencanto entre quienes llevamos más tiempo viviendo aquí y la dura realidad se impone a las costosas y continuas campañas de autopublicidad conque nos agobia el gobierno municipal, utilizando para  ello el patrimonio del Ayuntamiento.

Somos ya unos 90.000 ripenses y al ritmo local que lleva la construcción, más la presión que pronto nos proyectarán los nuevos desarrollos en torno a la A3 como los Berrocales, todo apunta a que desgraciadamente, en los próximos años, la inacción y el ensimismamiento municipal nos pueda convertir en una nueva gran ciudad dormitorio de la periferia madrileña, irreconocible para sus habitantes más veteranos y con menos servicios y empleo local que muchas otras.

Los vecinos y vecinas de Rivas, quienes la vivimos y amamos, tenemos ya que pensar en ello y en nuestro futuro, en responsabilizarnos y movilizarnos electoral y socialmente para imprimir una seria rectificación a este rumbo preocupante. De parte del alcalde y su equipo no podemos esperarlo, ya que con sus maniobras de supervivencia – algo trileras – para acumular representaciones políticas de terceros tiene ocupado su tiempo y cimentadas sus aspiraciones a perpetuarse en el cargo.

El propio equipo de gobierno es consciente de la necesidad de volver a las buenas prácticas que desarrollaba nuestro Ayuntamiento hasta hace no muchos años. Así lo muestra recuperando en fechas preelectorales, tras largos años de abandono, la puesta a disposición de los terrenos para la apertura de la cuarta estación de metro, ya prevista en el Plan General de 2004 cuando era alcalde de Rivas José Masa y concejal de Urbanismo y Ordenación del Territorio Marcos Sanz. Igual valoración merece desempolvar en estas fechas las reclamaciones para la mejora del Metro cuando hace ya 8 años de una recogida masiva de firmas  en una campaña después olvidada.

Hay que unir todas las fuerzas, participar más que nunca en las elecciones municipales y forzar un cambio de rumbo que nos permita recuperar las señas de identidad que Rivas nunca debió perder.

                         Luis de las Barreras