En los próximos días Donald Trump asumirá sus funciones como presidente de EE.UU. Se ha escrito mucho sobre la llegada al poder de la todavía primera  potencia mundial de un representante de lo que se ha denominado como +“populismo”. Pero en este gran saco ideológico identificado con este término  encontramos una multitud de fenómenos, en ocasiones contradictorios. ¿Qué entendemos exactamente por “movimientos populistas, partidos populistas, políticas populistas,”?.

      Como sentimiento general se trata de“cierta actitud de rechazo frente a las prácticas de gobierno reinantes”. Que en unos casos se concreta como “hacer promesas a la ciudadanía a sabiendas que no podrán ser cumplidas” y en otros se insiste en  “la conversión del pueblo en sujeto político de cambio, bajo liderazgos personales fuertes”. La influencia de los poderes mediáticos se manifiesta en no distinguir unos populismos de otros. Comienzan por confundir y desacreditar toda “razón populista”, definiéndolo únicamente como algo predemocrático, plebiscitario, autoritario, que  mueve a las masas por sentimientos y utopías irrealizables, más que por razones objetivas y metas posibles, para luego aplicar la denominación de populista a todo grupo que plantee un cambio real  en la situación actual.

    Aunque puedan reconocer que estos movimientos aciertan en su diagnóstico, toda propuesta de transformación es descartada ya que, como se viene repitiendo desde el comienzo de las políticas neoliberales, no hay otra alternativa plausible, económicamente rigurosa, que la  actualmente hegemónica : “Están de acuerdo desde Cebrián hasta Losantos, el nuevo demonio se llama «populismo» y va desde Trump hasta Pablo Iglesias.  La denuncia del ‘populismo’ quiere consagrar la idea de que no hay alternativa  a los consensos oficiales.  El término «populista» amalgama a todos ellos, los asimila al totalitarismo y nos presenta la política oficial como única salvación.” (Jacques Rancière, filósofo, eldiario, 9-12-2016)

El escenario 

                    Veamos, para entender el fenómeno populista, cuál es el contexto socio-histórico en que se está desarrollando. Según  Branko Milanovic, especialista en desigualdad económica  en las Naciones Unidas y el Banco Mundial, las «clases populares occidentales» son las víctimas de la globalización, porque han sido golpeados por la fuga de capitales que persiguen los salarios más bajos posibles, los procesos de desindustrialización, el incremento de la competencia económica internacional y un mercado de trabajo global. El impulso para maximizar los beneficios es cada vez más despiadado. En EE.UU. tomando 1970 como año de referencia base, el segmento del 1% más rico incrementó hasta 2012 dos veces y media su participación en la renta general .

     En nuestra opinión, los movimientos populistas  son el fruto de los casi cuarenta años de hegemonía de un sistema económico cada vez más sometido a los intereses del capitalismo financiero globalizado que,  lenta pero de manera implacable, está erosionando los derechos de los trabajadores y la protección social que caracterizaron los estados de bienestar. Estas políticas van dejando un escenario de creciente desigualdad entre los sectores más ricos y pobres de la sociedad y de creciente depauperación de lo que se conocía como las clases medias. Y van difundiendo  sentimientos de inseguridad y miedo ante el futuro propio o de sus hijos. Esta deriva ha dado lugar a un creciente malestar e  incertidumbre  y  buscan, a veces de forma consciente y otras de forma intuitiva, proyectos políticos de protección ante la expansión de la pobreza, inseguridad, precariedad.

Las alternativas

                   Ante tal escenario,  son dos las alternativas que se están ofreciendo en nuestras sociedades que, mientras no contemos con términos más adecuados, podemos denominar “populismo de derechas” y “populismo de izquierdas”.  Uno y otro se distinguen por los diversos  análisis de la situación y, consecuentemente, las alternativas diversas que plantean

                Para los “populistas de derechas”, toda una constelación de  poderes mediáticos, en manos del mismo capitalismo financiero, han señalado al extranjero, inmigrante, la competencia desleal de otros países, la deslocalización de empresas a países con mano de obra más barata,  la corrupción de personas individuales que han abusado de su posición para enriquecerse, etc. etc.… como único origen de la situación y canalizado en esa dirección el malestar y la indignación. Por lo que las alternativas que plantean serán de lucha entre sectores de la misma clase obrera o entre unos países y otros, salidas de tipo racista  y /o nacionalista. Defienden una suerte de capitalismo nacional, combinando un liberalismo paternalista interior  con  proteccionismo exterior. A nivel ideológico ofrecen un discurso antiélites,  presentándose como personas ajenas a los que mandan, cercanas al pueblo y parte de él, apareciendo ante la opinión pública como una alternativa al sistema.

          Pero, si miramos las decisiones políticas concretas en el caso de Donald Trump, entre los nombramientos que ya va realizando para su gobierno no se encuentra ninguna persona que represente los intereses de las clases populares. Está nombrando millonarios corporativos y operadores de fondos de cobertura. A pesar de sus muchos ataques durante la campaña contra Goldman Sachs, acusándole de explotar a la clase trabajadora, y  contra Wall Street, sus nombramientos incluyen tres banqueros actuales o antiguos de Goldman Sachs y otros inversionistas multimillonarios, además de directores generales de grandes corporaciones.  Los departamentos que supervisan la educación pública, la atención de la salud, la vivienda y la protección del medio ambiente los ha puesto en manos de los que buscan el desmantelamiento y destrucción de estos logros  sociales.

     En cuanto a los llamados “populistas de izquierdas”,   han conseguido introducir  en la opinión pública otros elementos de análisis a la hora de explicar los orígenes y beneficiarios de la crisis y en consecuencia otras propuestas de salida: la degradación social y el deterioro democrático se ha debido a la rapiña de una clase capitalista que se ha ido sacudiendo los compromisos sociales y normativos que habían logrado una mayor igualdad entre clases en los años de los estados de bienestar. Estos sectores han logrado establecer una legislación fiscal y una facilidad para evadir impuestos que cada vez carga más sobre las espaldas de las grandes mayorías sociales el sostenimiento del Estado y sus servicios. La globalización ha sido un proceso hegemonizado por estos sectores de un capitalismo desregulado y conducido para aumentar su poder económico y político

     Los que analizan la situación de esta manera recuerdan :Que exista una entidad llamada pueblo que es la fuente del poder y el interlocutor prioritario del discurso político es lo que afirman nuestras constituciones y la convicción que los oradores republicanos y socialistas de antaño proclamaban.  Que nuestros políticos piensan más en su carrera que en el porvenir de sus conciudadanos y que nuestros gobernantes vivan en simbiosis con los representantes de los grandes intereses financieros es una afirmación que no necesita demagogia alguna para ser proclamada.” (Jacques Rancière)

      Y consideran que los objetivos y estrategias de un movimiento populista han de ser articular una gran confluencia de intereses de distintos sectores sociales que sin embargo coinciden todos en haber sufrido las consecuencias de este capitalismo devastador, que está saqueando los derechos sociales y servicios públicos. “Estamos viviendo un “momento populista” en el cual la forma tradicional de políticas de izquierda no es la adecuada para enfrentarse al reto político actual. Los sectores populares se sienten abandonados por los partidos que supuestamente deberían defender sus intereses. Una estrategia populista de izquierdas es la única forma de renovar la política radical» (Chantal Mouffe)

        A este respecto se plantea un debate entre los nuevos populismos de izquierda y la izquierda tradicional sobre los conceptos de “pueblo” y ”patria”. Aquellos pretenden recuperar estos términos para el proyecto de cambio:  «donde no hay fuerzas de izquierda – dicen – capaces de levantar una idea de patria diferente, lo capitalizan los  Trump,Le Pen, Orban o el FPO en Austria».  La izquierda tradicional,en cambio, considera que hay que seguir hablando de “clases populares”, “pueblo trabajador”  ya que los discursos han de construirse sobre elementos comunes y no sobre diferencias. Y el concepto de «patria» no permite construir con facilidad un «nosotros» que sume a nativos e inmigrantes, porque además de las connotaciones históricas específicas del concepto en nuestro país, los propios inmigrantes ya tienen su patria y probablemente no quieren renunciar a ella. Más sensato parece centrar los discursos que pueden construir organización popular en la precariedad, el desempleo, lo social en general, realidades que afectan a todos”

Eubilio Rodríguez Aguado