“Lo difícil no es conquistar el poder, lo difícil es mantenerlo”

Estas fueron las palabras de Julio Anguita, cuando aun era Coordinador de Izquierda Unida y Secretario General de Partido Comunista de España, al ser preguntado en una entrevista sobre el derrumbe de la Unión Soviética.

La revolución de Octubre de 1917, cambió radicalmente las condiciones de vida de la población rusa. De un pueblo profundamente atrasado, hambriento tras la primera guerra mundial, se pasó a un país puntero en el mundo.

De un país prácticamente desarmado a conseguir derrotar nada menos que a Hitler y al fascismo europeo.

Se acabó con la hambruna y  el analfabetismo. La educación pasó a ser obligatoria, pública, universal y gratuita, así como la sanidad; el personal médico se multiplicó por cinco; el número de camas hospitalarias se multiplicó por tres; la esperanza de vida se duplicó y la mortalidad infantil se redujo a una décima parte.

La mujer consiguió por primera vez en la historia, los mismos derechos que el hombre, tanto en acceso a la educación, acceso al trabajo, participación política, como igualdad de sueldos.

Pero, ¡ay!, los gobernantes de la Unión Soviética no sólo mejoraron la vida de la gente, también realizaron extensas purgas entre los propios dirigentes de la revolución y sometieron a su pueblo a un intolerable autoritarismo de una muy pequeña nomenclatura.

Quizás la prueba más palpable de la separación del pueblo soviético de sus gobernantes, cuyo partido tenía millones de afiliados, fue que de un día para otro aceptaron convertir su país al capitalismo.

Volvió el capitalismo, y con él,  la miseria, el hambre y la desigualdad, pero no volvió la democracia.

En el 2011 surgió en España un gran proceso revolucionario: El 15M. Las plazas de las ciudades, de los pueblos, se llenaron de asambleas de vecinos y vecinas indignadas con la clase política profesional, reclamándoles respeto, participación política  y democracia real ya.

En el 2012 Julio Anguita creó el Frente Cívico, con la intención de confluir y sumar organizaciones políticas y personas, para combatir el neoliberalismo y presentar alternativas.

En el 2014 surgió Podemos como heredero de esos dos grandes movimientos de personas cívicas indignadas. De hecho, se rescataron las asambleas vecinales, donde se discutían y votaban alternativas políticas para desterrar a “la casta” y mejorar la vida de la gente. Se habilitó una herramienta telemática para que cualquier persona, afiliada o no a cualquier partido, pudiera votar a los candidatos y candidatas de Podemos.

Rápidamente, las asambleas vecinales aparecieron como setas en cada lugar del Estado. Fue tal la ilusión de la ciudadanía que las encuestas empezaban a dar a Podemos como la fuerza más votada.

Hasta las élites de este país se asustaron y tuvieron que crear miles de bulos para desprestigiar a este nuevo movimiento ciudadano.

La impresionante propaganda de la derecha y sus medios de comunicación hicieron mella en el crédito de Podemos, pero aun así no pudieron acabar totalmente con la ilusión de la gente: Podemos siguió sacando un buen resultado, tanto, como para que fuera imposible que el PSOE gobernara en solitario.

Y Podemos llegó al poder, y formó parte del Gobierno del Estado, con gran ilusión de la mayoría de la población y gran cabreo de la derechona. Y en un año de gobierno, y con buenas políticas de ayuda a los más necesitados, ahora tenemos la posibilidad de aprobar unos buenos presupuestos generales del Estado que inviertan en el bienestar de la gente y en sus servicios esenciales, y abandonen así la senda neoliberal de otros gobiernos anteriores y que tanto daño ha hecho, como se ha visto, en nuestras condiciones laborales, económicas, educativas, sanitarias…

Pero ¡ay!, Podemos: tras purgar a miles de compañeros y compañeras de fundación,  ha decidido acabar con las asambleas vecinales donde se debatía y votaba; ahora decidirán “los militantes”, figura de nueva creación.

Esta nueva política de restar y restar, de divisiones y expulsiones en casi todas las autonomías y casi todos los pueblos, está dando como resultado la práctica disolución de Podemos como organización ciudadana, pasando a ser una pequeña nomenclatura parlamentaria. Lo que tanto soñó la derechona, está a punto de convertirse en realidad.

En Rivas, donde Podemos consiguió ser la fuerza política más votada hace unos años, con más de 2.000 afiliados, en la última asamblea apenas votaron 40 personas el destino de Podemos en nuestra ciudad.  Y la verdad es que no me extraña, la democracia ha desaparecido de Podemos-Rivas: muchas personas seguimos privadas de votar desde hace dos años, aunque seguimos siendo afiliados y no se nos da explicación alguna, y una de las personas candidatas a la portavocía del partido es la Señora Millán, que como todo el mundo sabe, dinamitó Podemos en Rivas al otorgar, desde el gobierno municipal y contra la opinión de su propia asamblea de partido, la gestión de un polideportivo publico a una empresa privada durante 40 años.

Les dejo con unas palabras de Julio Anguita, poco antes de dejarnos:

 Lo que haría si yo fuera Unidas Podemos: reorganizaría mis fuerzas. Potenciaría las organizaciones de base. Pondría en marcha un proceso de unidad lento y a largo plazo, pero para que los militantes en cada pueblo y en cada barrio viviesen conjuntamente, elaborasen conjuntamente y trabasen unidad. Sin organización básica, la izquierda está perdida. Si la izquierda confía solamente en las intervenciones parlamentarias y en las intervenciones de sus líderes, está equivocada. La izquierda es, básicamente, organización en el seno de la sociedad.”

José Manuel Pachón López