Cuando el 28 de octubre de 1982 Felipe González (PSOE) ganó por mayoría absoluta las Elecciones generales en España, fue porque un gran número de ciudadanos y ciudadanas, muchos de ellos progresistas de izquierdas, confiaron y pusieron su esperanza en que ‘ahora sí será la revolución’. Miles y miles de personas se echaron a la calle para celebrar el histórico triunfo.

Pero no fue mucho tiempo el que nos duró la alegría.

La Socialdemocracia alemana (y otros) prefirieron aupar a Felipe González y a su equipo, antes que hacerlo con la dirección del Partido Socialista, hasta entonces en el exilio. Más tarde supimos por qué.

Los socialdemócratas europeos y los otros países del mundo metieron ingentes cantidades de dinero, para construir un Partido Socialista inexistente en nuestro país, la estructura de cuadros para presentarse a las elecciones y toda la campaña electoral que llevaría a la victoria.

Pero todo esto no iba a ser gratis: el ‘de entrada NO’ a la participación en la OTAN, para acabar metiéndonos de lleno; firmaron los acuerdos de Maastricht y se desmantelaron todas las estructuras empresariales públicas (el INI, las Banca, los Astilleros, los Altos Hornos, la producción lechera, la vinícola,…, el total abandono del campo, …). Había que allanar el terreno a las empresas multinacionales, había que contentar a los poderes financieros nacionales a quienes se les regalaron la mayoría de esas empresas públicas (eléctricas, tecnológicas, telefonía, banca, energéticas, industria de automoción, etc.). El estado se quedó únicamente con los servicios básicos, que por entonces se entendían como no rentabilizables (educación, sanidad, servicios sociales, pensiones, seguridad ciudadana, ejército, etc.). Y digo no rentabilizables por entonces, porque ahora sí han descubierto su posible rentabilización y se pelean por ellos.

Por supuesto, todos aquellos de los gobiernos socialistas, se aprovecharon de las ‘puertas giratorias’ empezando por el presidente Felipe González.

Todo esto lo escribo, no solo por recordar la historia, sino con intención de ponerlo en paralelo con lo que en estos meses estamos viviendo con la frustrada esperanza Pedro Sánchez. Muchos nos creímos que era un contestatario, un valiente dentro de su propio partido, que había sido capaz de enfrentarse a los grandes ‘popes socialistas’, que reclamaba justicia y libertad, que fue capaz de apoyarse solo en las bases,…, que pretendía un gobierno de izquierdas para promover un cambio hacia una mayor justicia social, para recuperar todos los derechos y libertades que los últimos años habíamos ido perdiendo. Pero también ‘nos ha salido rana’.

Algunos dicen que los poderes fácticos en España y en Europa no le dejan, y aunque sea cierto que le presionan, a todos nos dio a entender que él tenía arrojo suficiente para enfrentarse y hacer lo que sus votantes y los partidos que le apoyaban, creían en justicia que se debería hacer. Yo creo que todo formaba parte de una estrategia, la misma que nos vendió su antecesor Felipe González: una vez que soy Presidente, a quien le debo lealtad es a los que mandan realmente, y éstos son las grandes empresas y los poderes financieros. El pacto de gobierno con Unidas Podemos nunca fue posible: Ana Patricia Botín le dijo que ‘ni se le ocurriera’, las industrias eléctricas que ‘de ninguna manera’, la CEOE que ‘antes que pactar con UP, nuevas elecciones’, etc.

Solo así se explica que Pedro Sánchez haga oídos sordos a las voces de su propio partido y a las de la gran mayoría de la sociedad (con Rivera no, queremos un gobierno de izquierdas, no queremos nuevas elecciones,…).

El problema es qué nos va a vender ahora ‘Pedro González’. Y si los resultados fueran semejantes a los de ahora ¿con quién pactaría usted? A pesar de que las promesas preelectorales valen poco, nos lo tendrá que aclarar antes de votar. ¡Aunque visto lo visto, nos lo suponemos, porque día a día le está creciendo la nariz señor P.G.!