¿Recordáis cuando se fumaba en los hospitales?, ¿y en el trabajo?,. ¿O en la parte de atrás del avión? Hoy es difícil encontrar a personajes dispuestos a defender que aquel mundo en que todos respirábamos el humo de unos pocos era un lugar mejor.

¿Recordáis también los acalorados debates que aquella legislación provocó? Las protestas de dueños de baretos y restaurantes que profetizaban su ruina, o las de muchos fumadores que proclamaban recortada de forma intolerable su libertad individual.

“Los fumadores y los no fumadores estaremos cada vez más divididos, posiblemente dejaremos de tratarnos” profetizaba Javier Marías que trató aquella ley del gobierno de Zapatero como propia de la dictadura franquista. Incluso el ínclito Fernando Savater, también profeta inconcluso, decía aquello de “No es cierto que el tabaco mate, lo que mata en ciertos casos es su abuso”.

Los popes nos comían la cabeza, los comerciantes ídem, y los políticos conservadores les alentaban, sobre todo por los votos a ganar, ya que muchas veces, no saben ni para donde van… ¡bueno, si!, a llenar el zurrón.

De todos es sabido que para los que somos más tontos, es más provechoso escuchar que hablar. Quién habla, no sabe nada nuevo al terminar su parlamento, en tanto que quien abre las orejas incrementa sus conocimientos. Pero hay que decidirse, echarle coraje y poner en valor nuestro criterio.

Y de todos también es sabido, o deberíamos saber, que la democracia tiene un problema que a su vez es un acicate para excitar el ingenio: el voto del más listo vale igual que el del más tonto, tomando el vocablo tonto, en política, como el que no trabaja nada sus argumentos y dice lo primero que se le viene a la cabeza. Así que hay que echarle ilusión que dice el dicho que cualquier tonto hace relojes.

En fin, que la participación allí y acá en nuestra ciudad ripense hace aguas, se resiente y se ven asambleas de 30 vecinas y vecinos dónde antes había 100 (hablamos sobre todo de los partidos nuevos y en un principio, ilusionantes), y nulo interés de los que no están en el ajo, de meterse en él.

¿Tal vez no se ofrece el protagonismo al que se atreve?, ¿Tal vez está todo tan maniatado que el que no está en grupo alguno solo puede comer mandarinas ya prescritas?, ¿Tal vez la puñetera realidad es que están hechas las instituciones pero no hay protocolo que sirvan para desarrollar, verdaderamente, sus bonitos fines?…

Está bien haber creado unos bonitos estatutos de participación ciudadana porque así se puede realizar esa participación, pero hay que llenarlos de contenido, de ilusión, y aderezarlos con una pizca de libertad o desobediencia a lo instituido que es la sal que ha movido el mundo en sus pilares desde los tiempos más remotos.

En el futuro recordaremos las ciudades contaminadas de hoy como aquellos hospitales donde se podía fumar, o como aquellas discotecas de las que uno salía apestando a cenicero. Más que sentir nostalgia, nos preguntaremos por qué tardamos tanto tiempo en apostar por respirar.

Así que si preferimos seguir durmiendo, como ha dormido la humanidad desde las cavernas, nos damos la vuelta y buenas noches. Pero si queremos unirnos a la comunidad de durmientes activos, hay que seguir viviendo, estudiando, buscando soñadores como nosotros, que participen, se ilusionen y siempre con una pizca de desobediencia.

Salud y comunicación desde El Pregonero programa informativo de Radio Cigüeña.

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