Las varias reuniones desarrolladas entre el Partido Socialista y Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), sin que hayan cerrado acuerdos aún, parece que tuvieran buenas perspectivas, las  y los portavoces de ambos grupos se muestran satisfechos, se emplazan a nuevas conversaciones y sugieren buenos augurios.

De momento el PSOE ha incluido en su vocabulario el término ‘conflicto político’ referido a la relación entre la Generalitat y el Gobierno Central, reconocimiento previo exigido por ERC. Así como su predisposición a que en las conversaciones se pueda tratar de todo ‘siempre dentro del marco constitucional’ añaden.

Parece que va cobrando seriedad la intención anunciada por parte de Pedro Sánchez, de constituir un ‘Gobierno Progresista’ y en coalición con Podemos y quizás alguna otra fuerza más de ese espectro. Cosa que hasta ahora algunos seguíamos sin creérnoslo. Quizás es que el PSOE ya no tiene más alternativas, después de que Casado le haya dicho que ‘con ellos ni agua’ y que Arrimadas haya apostillado que ’gobierno de concentración pero sin Sánchez’. Bueno sí, habría una alternativa más, ‘otras elecciones’, pero eso sería el suicidio de P. Sánchez, el del PSOE y la certificación de un gobierno de ultraderecha por muchos años, ya que el ascenso de Vox sería imparable. Pasar a la historia con esa pesada mochila no creo que sea ‘plato de buen gusto, ni para los socialdemócratas de derechas’.

Aunque el acuerdo con ERC sea finalmente posible (a quienes primero interesa es a los propios catalanes), el camino no será fácil: la banca, las eléctricas, el  Círculo de Empresarios, la CEOE, la iglesia, etc., son todos grupos presionando a la vez. Lo último es la amenaza del presidente de Bankia, J.I. Goirigolzarri, que amenaza ante un gobierno con P. Iglesias. Esto además de las exigencias de las distintas autonomías, principalmente catalanes y vascos. Lo dicho, no va a ser fácil ni la investidura, ni el trabajo del nuevo gobierno resultante.

Lo cierto es que para enderezar este nuestro país, este gobierno de coalición es absolutamente imprescindible, de no ser así ¿quién va a parar los pies a la ultraderecha?, ¿quiénes van a reordenar la economía actual y proyectar la economía del futuro, la de los robots?, ¿quiénes serían suficientemente valientes para impedir que los ricos lo sean cada vez más a costa del incremento de los cada vez más pobres?, ¿quiénes tomarían las medidas necesarias como país para asegurar la supervivencia del planeta?, etc.

Las tareas de este gobierno resultante son muchas: solucionar el conflicto catalán; la revolución energética hacia las renovables; la derogación de la Reforma Laboral; la derogación de la Ley mordaza; el incremento del salario mínimo; la reforma de las pensiones; la recuperación y sostenimiento de todos los servicios públicos; la regularización del paro y el subsidio social universal; la igualdad entre mujeres y hombres; la erradicación de la violencia contra las mujeres; la inmigración; la reconfiguración territorial equilibrada(autonomías y localidades); la separación total entre iglesia y estado (ruptura del concordato, desaparición del 0,7%, regularización impositiva de las iglesias, recuperación de las inmatriculaciones); etc. No es poca ni fácil la tarea que ese deseado gobierno tiene por delante, harán falta varias legislaturas, mucha voluntad y buen hacer.

También en nuestra ciudad se va viendo algo de luz: con un gobierno en minoría (IU/Equo/Mas Madrid y Podemos), se han aprobado los presupuestos para 2020 de la empresas públicas y, hace unos días, la aprobación inicial de los Presupuestos Generales 2020. No está mal para ser solo nueve concejales de veinticinco, con más abstenciones que votos a favor, pero lo cierto es que se han aprobado, y eso permite el funcionamiento normal, y más o menos relajado, del gobierno y el ayuntamiento (si la aprobación finalmente se convierte en definitiva).

Ni en lo que se refiere al gobierno nacional, ni tampoco al local, lo de ahora es lo más revolucionario, seguro que no, pero es lo mejor dentro de lo posible. Desde las estructuras de poder es desde donde se cambian las cosas, sobre todo si desde los partidos, colectivos asociativos y personas individuales, marcamos a los políticos y les recordamos permanentemente por qué y para qué les hemos colocado donde están.