Pues sí, es verdad que poner en marcha un proceso tan complejo como el de la vacunación masiva, no es fácil. Ahora bien, es deleznable la gestión de los primeros días, que nos muestran que hay Comunidades Autónomas que, como Madrid, sólo han empleado el seis por ciento de las vacunas recibidas y lo justifiquen con milongas.

Y esto que parece grave, lo es más cuando dicen que se han recibido menos vacunas de las que se esperaban. La primera conclusión que se me ocurre es que el objetivo de la presidenta de Madrid es no llegar ni al cinco por ciento, ya que de haber recibido más, el porcentaje sería menor. Una contradicción que no lo es tanto.

A esto debemos añadir, que la tal presidenta echa de nuevo la culpa al gobierno central. ¡Hay que tener mucha cara dura! Se ha pasado la pandemia, cada vez que tomaba una decisión el Ministerio de Sanidad, hablando de invasión de competencia y desprecio de la libertad por parte de Sánchez, Illa, Iglesias o el sursuncorda de ese gobierno socialcomunista que destroza todo lo que toca.

¿Cuál sería el objetivo de Ayuso al vacunar tan poco y quejarse tanto? Desde luego vacunar poco, cuando la esperanza de todos es la vacuna, no parece que tenga como objetivo evitar muertes. Y es que para Ayuso, así lo ha dicho en una ocasión, es más importante la economía que un puñado de fallecidos. Por lo tanto el objetivo es otro.

Lo ocurrido hasta ahora ya lo sabemos. Mentiras, olvidos y desprecio hacia los mayores en residencias, y afán de contener el gasto en la sanidad pública, como sea, aunque ello implique mayores riesgos sanitarios. No se puede entender de otra manera que a estas alturas, con la tercera ola entrando, todavía no haya los rastreadores pertinentes ni se hayan reforzado los centros de atención primaria, ni se haya medicalizado casi ninguna residencia de mayores. Seguimos hoy con un 5% menos de personal sanitario en la CAM que hace diez años.

Luego entonces, conociendo el afán privatizador de la presidenta y su partido, la cosa empieza a estar clara. Se trata de, ante la imposibilidad –absolutamente forzada y pretendida– de la Sanidad Pública de acometer el plan de vacunación, ‘forzar’ la privatización y seguir enriqueciendo, a costa de lo público, a amiguetes empresarios e instituciones de la Sanidad Privada.  ¡Esa es la cuestión! Ya veremos lo que tardamos en ver cómo nuestros impuestos irán a contribuir beneficios extraordinarios de algunas entidades privadas.

De momento, hoy nos enteramos que ha empezado contratando a Cruz Roja, por 130.000 euros al mes. Y esto no acabará aquí. Seguirá troceando el pastel de la Sanidad Pública entre instituciones y empresas privadas hasta dejar la cesta sin huevos.

Y seguiremos con pocos rastreadores, continuaremos con unos ambulatorios atestados y con un seudo-hospital –en el que van gastados 130 millones– innecesario, sin paliar la escasez de sanitarios, que además cobran salarios bajos. Y todo para justificar la falsa necesidad de la sanidad privada, y seguir agrediendo y disminuyendo el pastel de la Sanidad Pública, esa que tanto necesitamos y cuyas costuras hemos visto romperse por una despreciable gestión pepera, durante los últimos años, a pesar del ejemplar trabajo del personal sanitario. ¿Cuántos sanitarios se podrían haber contratado con los 130 millones? Está claro que esta no es la opción de la presidenta.

Curiosamente este proceder de Madrid no parece ser la regla general del PP. Puesto que en otras Comunidades donde gobierna –léase Andalucía, Castilla y León o Galicia– el porcentaje de vacunación ha sido mucho más alto y no han echado la culpa, si no han llegado a lo previsto, al gobierno central.

En fin, esta presidenta de pega, que gobierna en contra de su propio líder, con el que compite a disparates y al que pretende quitarle el puesto con ayuda de Vox, es cada vez más inepta, maléfica, incompetente, zafia y rabanera –la sustancia de sus acciones la pone su asesor MAR, ya saben aquel personajillo indeseable de la cuerda de Aznar–, capaz de despotricar hasta el infinito con tal de que se hable de ella. Y es que además, la votan… ¡Oh, país!

Salud y República

Rafael Almazán