Las ondas son fenómenos naturales, que entre otras muchas cosas nos permiten escuchar o contemplar lo que nos rodea. Las hay de muchísimos tipos, ondas sonoras, electromagnéticas, sobre la superficie del mar, etc. la lista es muy grande. Para que se produzcan es necesario que se den algunas circunstancias dependiendo de su naturaleza, del medio en que se propaguen o del propio espacio y tiempo.

Como la mayoría de la gente conoce, una onda es una magnitud física, como lo es una tensión de una cuerda de un instrumento musical, la altura de la superficie de un lago o la presión del aire que varia con respecto al tiempo en un determinado lugar y con respecto a la distancia, pudiendo propagarse en el espacio.

Su descripción física no es muy complicada y tiene una ecuación característica en la que en un lado aparece la variación de la magnitud con respecto al tiempo y en el otro con respecto al espacio. Han sido estudiadas ampliamente por eminentes científicos desde hace siglos.

Albert Einstein con su teoría de la relatividad general describió un universo donde el espacio no es rígido, sino que se amolda a la materia que en él existe. Objetos masivos como planetas o estrellas curvan el espacio, creando la gravedad. Esto ya se ha probado, pero en 1917 fue más allá y se dio cuenta de que la naturaleza de ese espacio flexible permitía la propagación de ondas, operando con sus ecuaciones, estas podían llegar a ser una ecuación de ondas y le permitieron anunciar la posibilidad de las ondas gravitacionales. Estas ondas se propagan a la velocidad de la luz, alterando por donde pasan la gravedad y el espacio como si fuera un entramado flexible, pero son tan débiles que no se imaginó que pudieran ser detectadas jamás.

Mas recientemente con el aumento de la comprensión de objetos supermasivos como estrellas de neutrones o agujeros negros, se pensó que si orbitaban podrían propagar ondas, pero aun así, solo producirían variaciones en el espacio del orden del tamaño de un protón. Las ansias humanas por conocer no tienen límites y algunos pensaron que era posible detectar estas alteraciones del espacio. Tres de los pioneros en esta materia fueron galardonados con el premio Novel de física 2017, Rainer Weiss, Barry C. Barish y  Kip S. Thorne por su decisiva contribución al detector LIGO que en 2015 detectó por primera vez estas ondas.

El evento, denominado GW150914 (14-09-2015) fue detectado casi simultáneamente por los dos detectores L1, Livingston (Louisiana) y  H1, Hanford  (Washington) del observatorio LIGO y corresponde a dos agujeros negros de varias decenas de la masa del sol, orbitando mutuamente en un baile en el que giran a casi la velocidad de la luz y se aproximan hasta fusionarse. Este evento se produjo hace millones de años en otro extremo de la galaxia y hoy nos llega como una onda, como un electrocardiograma que si lo reproducimos en un altavoz es la música del universo.

Imágenes cortesía Laboratorios LIGO