La conformidad con uno mismo es la raíz de la felicidad.

Muchas veces la imágenes abruptas de la televisión pueden resultarnos alienantes pero también  relajantes en algunas ocasiones.  Hay una ansiedad típica de la primavera y una melancolía propia del otoño, y  juntas configuran  -más allá del tópico-  la plenitud del calendario y de la vida.

Las fotos son la expresión del alma y nos transmiten la sensibilidad del fotógrafo y la de los retratados.

El patinaje sobre hielo es superficie y armonía, energía y belleza, y es un símbolo estilizado que supera la monotonía cotidiana. Me parece acertada la expresión “un mundo de dolor”, que he leído hace poco en algún sitio aplicada al universo en general. Con la condición de añadirle “un mundo de sosiego, de belleza y de esperanza”. Solo así será una expresión cabal y justa.

Soledad y silencio de una parte, comunicación y compañía de otra son necesariamente términos complementarios para lograr el arte de vivir.

Contemplo el vuelo de las aves migratorias que me sugieren otras navegaciones humanas, llenas de dramatismo y de violencia, de melancolía y de ansias de esperanza.

Es importante vivir a la altura de nuestro corazón: un corazón frágil y maduro, armonioso y penetrante, compasivo y plural.

Deberíamos analizar con más frecuencia y atención aquellas complicidades  y afinidades que marcan nuestra vida: con las personas, con las ideas, con los valores, con las emociones y sentimientos,  con los paisajes, con las expresiones del arte, con las sensibilidades. Ceo que ello nos dará consistencia, transparencia y coherencia, y no se trata de formular pareados, sino de establecer nuestras prioridades.

La monotonía es la pariente pobre de la melancolía, a la que el filósofo rumano Emilio Cioran definió como “falta de adhesión a la realidad”. Me parece una expresión acertada, aunque necesitada de matices. El matiz global, sobre todo, de un realismo esperanzado, de un decantarse en favor de la realidad por difícil que esta sea.

Mi paseo diario y algo desabrido bajo los soportales de la urbanización me recuerdan por contraste los paseos veraniegos en la huerta luminosa y cálida de la casa gallega donde hemos pasado muchas vacaciones de nuestra vida. Añoro ese colorido y esa  hermosa lluvia y quiero trasladarlos a mi corazón y a mi trayectoria vital como un tesoro que fluye y nutre los campos y los caminos del horizonte.

Santiago S. Torrado

OTOÑO

Pocas cosas agradezco

como el sol de otoño

en mi ventana,

de este otoño luminoso

que acompaña y acaricia

y me evoca tantas cosas;

lo que llevo entre mis manos

y dentro del corazón,

desde siempre y sin desmayo:

la música del alma,

el paisaje herido,

vidas rotas y maltrechas

que he podido conocer;

los compañeros de viaje

que en silencio me arroparon,

los asaltos de la noche

que han inundado de sombras

otros tramos del camino.

Pero al final

una brecha se ha abierto a la esperanza

con esta luz de otoño

en mi ventana.

Santiago S. Torrado