Muchas veces me preguntan qué es lo que más me gusta de Rivas. Amistades y gente conocida que no vive aquí suele interesarse y preguntarme a partir de las noticias que le llegan y que en el imaginario colectivo forman parte de los distintivos de nuestra ciudad. Sus políticas públicas alternativas a favor del bien común que la han convertido en esa irreductible ‘aldea gala’, su perfil demográfico tan joven (la mayor natalidad de toda España, con una media de edad de 32 años y un 27% de su población por debajo de la mayoría de edad), su significado compromiso con causas como la memoria democrática, la lucha contra el cambio climático y los derechos de las personas migrantes y refugiadas, o la capacidad de dar un paso adelante para buscar soluciones innovadoras en diferentes campos (como ilustra la compra directa de energía con la que nos desligamos del oligopolio de las grandes eléctricas y ahorraremos medio millón de euros al año, o la construcción del CEIPSO de La Luna con financiación 100% municipal adelantada), son algunas de las cosas que me mencionan y que nos hacen estar sin duda en el mapa de quienes sin vivir aquí, miran hacia Rivas como una referencia inspiradora.

Pero, de puertas para adentro de nuestro término municipal, para quienes sabemos que no somos una ciudad perfecta ni mucho menos y que tenemos mucho que mejorar y por lo que seguir peleando, si tengo que elegir con qué me quedo de Rivas no tengo ninguna duda: esa mezcla de actitud exigente y de generosidad, regada de creatividad, de su gente. Puede sonar a tópico, pero no he podido dejar de pensar en ello en los días previos a sentarme a escribir estas líneas, cuando hemos celebrado una Ruta de la Tapa en la que han participado 41 (sí, ¡cuarentaiún!) establecimientos mientras en el entorno de la biblioteca Gloria Fuertes se aglutinaba un hervidero de pasión por la lectura, con libreros y autores y autoras locales compartiendo su trabajo en la Feria del Libro. Ese mismo fin de semana, en el área comercial próxima a Rivas Futura se daba la bienvenida a la primavera con la celebración de la multicolor Fiesta Holi –de inspiración hindú- y la comunidad educativa del colegio José Hierro festejó la puesta de largo de su camino escolar.

Todo esto en un solo fin de semana. Y preparémonos para mayo, que llegan nuestras Fiestas, en las que como siempre el protagonismo será el del tejido asociativo contribuyendo a dinamizar esa alegría de lo común. Fiestas en las que volveremos a no darle la espalda al compromiso con el mundo en que vivimos mientras disfrutamos de la música y la calle, contribuyendo con cada euro de los Vasos Solidarios a costear proyectos que merecen la pena, y en las que, gracias a la iniciativa trabajada por el Consejo Municipal de Mujeres, estrenaremos Punto Violeta para conseguir unas fiestas realmente compartidas por todas y todos, libres de violencia machista.

Lo mejor de Rivas, pues, que no nos aburrimos, que no podemos estarnos quietas. Nos vemos en acción.