“Ahora que las papas queman todos se acuerdan del Estado. Y el Estado tiene que tomar medidas pero cuando tengo que hacer plata y hacerla mía sola, que no se meta el Estado por favor».

   Son doce segundos de charla del expresidente de Uruguay, Pepe Mujica, que dicen mucho. Y es que los ricos, siempre, hasta ahora, han privatizado los beneficios y socializado las pérdidas. Es la normalidad de siempre, cuando vienen mal dadas los liberales se vuelven socialistas, pero luego si te he visto no me acuerdo.

   Desde el poder económico de este país, con ecos múltiples de sus voceros variados, andanada tras andanada, el señor Antonio Garamendi,  jefe de la patronal hispana, dice que la paralización económica es un error de magnitudes incalculables, porque la empresa española es la que genera la riqueza y desde el minuto cero ha estado con los españoles en la lucha contra el corona virus.

  No se pone en duda que genere riqueza, ni que no esté en el apoyo contra la pandemia, pero, pensemos, creémonos de una vez un criterio en nuestra cabezota para quitar la paja del trigo. Entremos a lo mollar que es lo que solemos decir pero generalmente no sabemos como deglutirlo.

   La paralización económica  se debe al confinamiento inevitable y valiente realizado. Este quedarse en casa para lograr la victoria hace que cese la mano de obra y la economía real, para. Es obvio, todos de acuerdo, que si la economía se detiene la generación de riqueza se estanca como consecuencia de lo anterior.

   Pero hay otra obviedad que no se quiere ver y es que el capital no genera la riqueza. La riqueza es generada por el trabajador en su jornada laboral y PARTE DE ELLA es su salario.

   El sr Garamendi y los patronos pretenden establecer el sistema de producción capitalista como un dogma de fe. Pero hete aquí que el dogma se desmorona de un plumazo cuando en momentos como los actuales se requiere urgentemente de la intervención del estado y la inversión y el endeudamiento público.

   Y luego está el tema de la disposición desde el minuto cero del empresariado en favor de los españoles/as. Han tardado menos que en escribir esto que leéis la gran patronal (el capital privado) en desprenderse del fardo que supone asumir parte o la totalidad de los salarios, recurriendo al Estado, aquel que no debe intervenir en una economía de libre mercado como la nuestra. Y para maquillar actuaciones “donan” (eufemismo de caridad) con el fin de que no se les vea la crueldad de su actuación, en lugar de hacer lo que debieran legal y justamente: cumplir con sus obligaciones fiscales.

   Por eso, queremos decir, que aunque a algunos les parezca un gobierno timorato y que no quiere ver con malos ojos a la patronal, su actuación está siendo revolucionaria pues es LA PRIMERA VEZ que en lugar de dejar a los trabajadores al libre albedrio del patrón, a los autónomos a la deriva, a los pequeños empresarios a su suerte, ordena que no se puede despedir a nadie por motivo pandémico y crea un escudo social, mas o menos fuerte (eso es cuestión de opiniones, pero lo crea) y coloca en igualdad de posiciones negociadoras a trabajadores y patrones.

   Es la primera vez en la historia de este país que algo ha cambiado para afrontar una gran crisis nacional y que aunque no puede llover a gusto de todos, se ha hecho un cambio de tendencia, repartir la crisis entre todos  y no como es habitual desde tiempos remotos, cargársela a la espalda de los menos favorecidos.

   Todo irá bien si entendemos que la patria somos todos, que el dinero no sirve si no usa el ingenio y el ingenio no fructifica si el trabajador no lo concreta. Todos somos necesarios.

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