La medicina occidental valora para su diagnóstico el estado funcional de los cinco órganos vitales: el corazón, el bazo-páncreas, el pulmón, el riñón y finalmente el hígado, también concede  gran importancia al funcionamiento del intestino grueso, el intestino delgado, el estómago, la vejiga y la vesícula biliar. Sin embargo en la medicina oriental, a los órganos y vísceras citados para los cuales cuenta con la presencia de un meridiano bilateral, se añade un nuevo meridiano, equivalente a un órgano inexistente en el mundo occidental pero de una importancia capital en el tratamiento de las enfermedades, nos estamos refiriendo al maestro corazón y al triple recalentador. Precisamente  porque no existe físicamente una residencia concreta en nuestro cuerpo de este meridiano, ni se asocia con ninguna víscera, ambos pasan en ocasiones desapercibidos y se tiende a pasar por alto su presencia en el tratamiento de las enfermedades.  Por otra parte y como es muy habitual en las sucesivas traducciones que se vienen realizando desde el chino hasta el inglés, para desde aquí llegar el español, las palabras se desvirtúan al punto de no tener ningún significado para nosotros.

En este artículo, pretendo sacar de la oscuridad a este meridiano con el fin de llamar la atención sobre la necesidad de utilizarlo en muchos de los tratamientos, de su utilidad para acelerar la recuperación de las enfermedades.

Es tan importante su uso, que una vez diagnosticada una enfermedad y además del manejo específico del meridiano que se encuentra en vacio o en plenitud, se debe tratar, utilizando el triple recalentador, la parte física del órgano que se encuentra afectado.

En medicina oriental se utiliza  como instrumento de diagnóstico el dibujo de una estrella de cinco puntas, podríamos decir que la enfermedad se presenta cuando encontramos una o más puntas romas, no obstante la medicina oriental avanzada, trata la enfermedad a partir de la observación de una estrella de seis puntas, esto es así porque para su diagnóstico emplea una punta más. A los cinco órganos representados por cada una de su cinco puntas le añade una más, la que corresponde al triple recalentador.

Este procedimiento pretende sanar de manera completa e ir más allá de la simple recuperación de las funciones de un órgano completo.

Nuevamente cuando leemos la escasa literatura que existe sobre el uso del triple recalentador encontramos que muy habitualmente, además de la descripción de su recorrido a lo largo de la parte posterior del brazo, se nos informa que el triple recalentador  posee la propiedad de regular las funciones de los órganos que se encuentran en la parte superior, media e inferior de nuestro cuerpo,  y se suele hablar de “fogones”, de esta forma el fogón superior contiene al corazón y los pulmones, el fogón medio el estómago y el bazo-páncreas, y el fogón inferior, el riñón, la vejiga y el intestino grueso. Algunos textos profundizan algo más y señalan que el fogón medio se encarga de la asimilación eficaz de los alimentos, el fogón superior es el responsable de la distribución de las esencias a través de nuestro cuerpo y finalmente el fogón inferior es el responsable de la correcta eliminación de los materiales inertes e inservibles para nuestro organismo.

Profundizar sobre el meridiano del TRIPLE RECALENTADOR excedería el espacio de este artículo, por ello vamos a anotar simplemente algunas de sus funciones dentro de nuestro cuerpo.

Cuando hablamos del triple recalentador tenemos que pensar que la medicina oriental se está refiriendo al metabolismo de nuestro cuerpo, que la función de este meridiano es la de transportar el agua de los alimentos, este agua purificada en el intestino delgado, llega al riñón, y la impura a la vejiga para ser evacuada, también al intestino grueso pera ser finalmente expulsada del organismo, El agua pura es enviada al hígado y a la vesícula biliar,

Si nos fijamos atentamente el TR rodea la oreja y afecta al oído interno, esto quiere decir que su desequilibrio puede influir en la audición, de ser así, su función en el oído interno es doblemente perjudicial, por una parte no aporta la energía suficiente para que las funciones se realicen convenientemente y por otra, corno ya hemos señalado anteriormente los líquidos del organismo se espesan y discurren perezosamente, se llenan de restos que no han sido debidamente eliminados, en definitiva se empobrecen, como el oído interno necesita un medio acuoso muy especial, para que la minúscula chispa eléctrica se dispare hacia el nervio auditivo y permita la audición, puede llegar a ser el origen de multitud de sorderas, que la medicina convencional es incapaz de tratar.

Evelio Rivera Juárez