Cualquier momento, cualquier día es óptimo para solidarizarse con cualquier asunto pero Marzo es por excelencia el mes de la mujer.

La explicación más verosímil se enmarca en plena revolución industrial: el 8 de marzo de 1857, un grupo de trabajadoras textiles decidió salir a las calles de Nueva York para protestar por las míseras condiciones laborales. Sería una de las primeras manifestaciones para luchar por sus derechos. Distintos movimientos y sucesos se sucedieron a partir de ese episodio, que sirvió de referencia para fijar la fecha del Día Internacional de la Mujer en el 8 de marzo.

El capítulo más cruento de la lucha por los derechos de la mujer se produjo, sin embargo, el 25 de marzo de 1911, cuando se incendió la fábrica de camisas Shirtwaist de Nueva York. Un total de 123 mujeres y 23 hombres murieron. La mayoría eran jóvenes inmigrantes que tenían entre 14 y 23 años.

El antecedente más conocido en Europa, fue en 1910 cuando durante la 2ª Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague con la asistencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, se decidió proclamar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En España se celebró por primera vez en 1936.

Muchas cosas han cambiado en estos 82 años, sin embargo algunas de aquellas reivindicaciones siguen hoy en vigor.

Es cierto que en nuestro País el 82 % de la población apoya las reivindicaciones de los movimientos de mujeres, siendo uno de los mayores de Europa, y aunque como de costumbre la sociedad va por delante de las acciones de los Partidos políticos, en este tema, en el de la obligatoriedad de la igualdad de género, todos estamos de acuerdo.

Las distintas administraciones elaboran políticas para que las diferencias, no de derechos, esos están garantizados, diferencias en cuestiones como puede ser la brecha salarial o la conciliación familiar, acaben y permitan la igualdad total entre géneros.

Es innegable la importancia de la mujer en la sociedad, la mujer da la vida, es la maquina que mueve la familia, la que tradicionalmente ha dirigido la economía familiar, claro que es capaz de dirigir empresas y debe hacerlo, debe estar en los Consejos de administración de las grandes empresas y en los puestos más importantes de los diferentes gobiernos, pero creo que es muy difícil cambiar de mentalidad, y las propias mujeres, solo por serlo y dentro de sus propias responsabilidades se cierran puertas para su propia promoción profesional, por ejemplo.

Por otra parte, los movimientos feministas que demonizan al hombre, que los desprecian y los ven como enemigos, no ayudan a normalizar la relación entre géneros.

Ojala las reivindicaciones de la mujeres progresen, porque si la mujer progresa, progresamos todos.