Durante los últimos cuatro años, 60 chicas y chicos han llevado la solidaridad a Palestina, trabajando con más de 5.000 niños, niñas y jóvenes. Tras el primer campo de trabajo en el año 2015, nació el movimiento asociativo ‘Rivas va hacia Palestina’.

Este año han sido 14 los jóvenes que han permanecido en Nablus, Hebrón, Ramalah, Belén y Jerusalén para llevar a cabo un importante trabajo socioeducativo con niños y niñas de los territorios, acompañados por la concejala Aida Castillejo y miembros de Pallasos en Rebeldía que también desarrollan un importante trabajo con los chicos y chicas palestinos.

Paralelamente cuatro jóvenes ripenses han permanecido durante tres meses, formando parte del ‘intercambio juvenil de larga duración entre Palestina y Rivas’. Estos jóvenes son: Antonio de la Cueva, Eva Álvarez, Ari Díaz y Marcos García, y nos cuentan algunas de sus experiencias en tierras palestinas.

Antonio nos dice que esta es la cuarta vez que viaja a Palestina y que siempre le sorprende y aprende cosas nuevas.

Para Eva esta es la segunda visita y decidió repetir porque se quedó prendada del talante de esta gente, de su forma de vivir, de su valentía. En enero, la concejala Aida comentó la posibilidad del intercambio y no se lo pensó dos veces, inmediatamente se apuntó para volver y en esta ocasión más tiempo. “La mejor experiencia de mi vida” comenta Eva. “Tuve que dejar cosas, pero no me arrepiento”. “Siento que allí tengo otro hogar y otra familia”. “Soy componente del grupo ‘Rivas va hacia Palestina”.

Ari nos dice que también viajó en año pasado con Eva y con Marcos, y que tampoco lo dudo ni un momento para apuntarse a esta experiencia de tres meses. Tuvo que renunciar a un contrato de trabajo, se perdió la boda de amigos,…, “pero sabía que si no iba me arrepentiría después”. “La estancia de diez días te permite conocer un poco su realidad, pero se queda corto. La convivencia diaria durante tres meses te permite comprender lo cotidiano, su capacidad de resistencia y la lucha desde los pequeños detalles”.

“Antes del viaje nos reunimos varias veces para preparar las mentiras que teníamos que contarles a los israelíes para que no nos pusieran pegas en el visado de los tres meses”. Tenían miedo porque los israelíes no solo pueden retenerte, sino que pueden vetarte la entrada hasta por diez años. A los tres primeros no les pusieron demasiadas pegas, pero en cambio sí lo hicieron en el caso de Marcos, que viajó después y le retuvieron durante ocho horas en el aeropuerto, le registraron todo su equipaje, le rastrearon el teléfono móvil y le hicieron toda clase de preguntas una y otra vez. Finalmente solo le dieron un visado para dos semanas, que una vez finalizadas, salió por Jordania, lo renovó por los tres meses y volvió a entrar.

Una vez llegaron a los territorios, son con dos asociaciones locales con quienes trabajan. Primero les alojan en pisos y después les distribuyen con familias, que es cuando verdaderamente pueden apreciar el día a día de unas gentes que viven sitiados, controlados permanentemente, que no son dueños de su tiempo para desplazarse, viajar, ir a trabajar al otro lado del muro, etc., en cualquier momento les pueden parar, retener en un checkpoint, bajarles del autobús o de su vehículo o incluso detenerles arbitrariamente. Antonio y Ari nos cuentan como en un viaje en autobús a Jerusalén, los soldados paran el autobús y requisan los visados de todos los pasajeros (de los extranjeros no), a uno de ellos, arbitrariamente le bajan del autobús y no le dejan seguir, a otro le acusan de llevan un cuchillo, sin ni siquiera haberle registrado y a otras dos mujeres las detienen… “Actúan a su antojo y solo para intimidar o escarmentar”, nos dicen.

“Allí hemos recibido clases de árabe y hemos impartido clases de castellano. Todas nuestra iniciativas y propuestas eran bien recibidas y algunas las hemos llevado a cabo con chicos y chicas, junto con los voluntarios de la asociaciones”.

Antonio nos comenta nos dice que “mi mayor expectativa era conocer en profundidad la situación real de las gentes, que es distinta dependiendo en que ciudad estés”. “Hemos podido observar las pequeñas cosas a las que afecta la ocupación, que es todo… Hasta la correspondencia la abren antes de entregarla a su destinatario”.

“Cuando fuimos el año pasado (tercer campo de trabajo), en ese periodo tan corto, nos cuentan lo más llamativo, lo más impactante…, son charlas políticas. Lo de ahora nos da idea de la resistencia del día a día”. “Convives con las familias con chicos y chicas de tu misma edad, conoces sus vidas…”, nos dice Ari.

“Aunque es evidente el trato distinto a los extranjeros que a los palestinos y en concreto por ser españoles, nosotros tenemos derechos ellos no”. “Los castigos son individuales, pero frecuentemente son a la colectividad, para que sirvan de escarmiento, afirma Eva.

Ari se indigna ante lo que considera una estrategia sutil e inhumana por parte de Israel, y es hacer que los palestinos vivan su situación con rutinaria, inevitable, definitiva… Destruyen infraestructuras, pueblos enteros para desarraigarles de su historia. Ahora, en las ciudades, no tropiezas con las patrullas, los mercados están llenos de productos israelíes que los palestinos compran, obviando el boicot, porque piensan que son mejores que los suyos,… El objetivo es normalizar la vida cotidiana casi sin darse cuenta. Son muchos los palestinos que no conocen otra vida que esta, que incluso creen que en otros países es igual. Muchas de las noticias que se emiten son falsas y no solo al interior de Palestina o de Israel, sino también las agencias internacionales, llegan a darles la vuelta completamente. Y lo peor es que países como el nuestro aceptan y difunden la versión que dan los israelíes.

El principal mensaje que nos han transmitido es su capacidad de resistencia, “yo me levanto todos los días lleno de esperanza, en algún momento esta situación terminará”, comentaba un chico palestino con una gran sonrisa, como la de casi todos ellos. “Vivir aquí es ya una forma de resistencia”, comentaba otra joven palestina.

“Este proyecto es de sensibilización, toma de conciencia y denuncia, más que hacer cosas allí, de lo que se trata es de lo que podemos hacer aquí”. “Allí no hacemos falta, donde hacemos falta es aquí describiendo y denunciando la realidad que viven los palestinos”, esta es la principal conclusión de ‘los y las cuatro de Rivas”.

Vuelven llenos de experiencia, decididos a pelear por ese pueblo y dispuestos a denunciar al estado sionista, militar y genocida que es Israel.

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