Las apropiaciones han derivado en lugar tan común que lograron articularse en “ismo” para el entendimiento de corrientes artísticas y culturales contemporáneas, en tanto que elemento para la revisión.

La apropiación de cierta terminología, sin embargo, con toda la carga de contenido infundido en los idearios colectivos,  tornó hace en estrategia política para la confusión, la arenga y equívoco convencimiento de masas, que escama y mucho, por la docilidad con la que ciertos grupos entran al trapo y se dejan tentar por la evidencia del robo y uso de los términos del adversario, para ensalzarlos en la voz propia y devaluarlos en quien corresponde. Escama por la facilidad y el facilismo de la argucia que propicia la creencia de haber generado un pensamiento propio con fuerte carga ideológica.

En este sentido, la autocensura y no querer pronunciarse con la certidumbre del presente, facilita una constante de indefinición en la que los elementos polarizados beben para su mantenimiento unos de otros, dejando fuera del escenario a todo lo que pudiera ser un punto de convergencia y sentido común que han de medir como nadie el lenguaje, generando esa sensación de indefinición en sus posturas.

Españoles de pulsera “rojigualda”, españoles con aspiraciones e inspiración a patriotas con la patria como patrimonio; españoles de golpe en pecho que huyen en la defensa real del país sin idea alguna de estado ni nación, salvo aquella que tiene como horizonte subyugar, ordeñar instituciones y una confundida idea de unidad e insulto permanente, a falta de golpe, a la diferencia de pensamiento. Españoles que se han apropiado, sin que nadie se lo pida, de la idea de país.

Por otro lado, son estos mismos, con distinta bandera, los que en sus estrategias atesoran el oxígeno que respiran por obra y gracia de los anteriores; el nacionalismo catalán. Y es que resulta curioso cómo, siendo los mismos, en sus aspiraciones de fondo, se enfrentan. Si, los mismos. De ahí que habría que recordar que son estos movimientos independentistas los iniciados dentro del  sector más privilegiado de la sociedad catalana con el mismo sentido de la propiedad y la apropiación que los españoles de banderita y foto trío de Colón.

El catalán es un movimiento independentista muy respetable en sus postulados y deseos, que nadie debería afear, siempre que el lenguaje no confunda y el sentimiento no haya sido creado sin posibilidad de contraste. Porque son y fueron estas élites de la burguesía y, antaño, nobleza catalana las que sopesaron el uso de la palabra Libertad como estandarte que, como no pudo ser de otra manera, asumieron movimientos de ideología diametralmente opuesta; es decir gran parte de la izquierda catalana lleva tiempo haciendo el trabajo sucio a la alta sociedad, como si, una vez conseguida la independencia, fueran a participar en primera persona de ella. La palabra Libertad es demasiado grande como para quedar fuera de ella.

Por otro lado, los españoles de “primera” de bandera y tradición, vetan toda posibilidad de diálogo; porque en el diálogo ambos tendrían perdida cualquier posibilidad de reafirmación. Y entre medias, pues resulta que no hay nada según ellos. Y sí, hay una sociedad que comprende la necesidad de diálogo, que entiende la amenaza en los extremos de las posturas, hay una sociedad española y catalana que no “vende” y que es vapuleada por unos y otros. Los unos calificando a esta masa mayoritaria de extremistas peligrosos; los otros, reprochando haber claudicado ante la presión a sus representantes.

Aquí las posiciones son importantes y no estaría mal que  cada cual dijera qué sucede realmente, cuál es el origen del problema… porque hay un problema y desvelarlo  despejaría muchas incógnitas que nadie quiere despejar. Y es que cuando el conflicto genera votos y se mira el contador de éstos previo y después de cada intervención, el discurso modifica los acontecimientos en paralelo a la estadística.

Es necesario que se cuente bien y sin mascaradas el problema del nacionalismo catalán, del independentismo y también el de los más recalcitrantes defensores de la unidad de España caduca y caducada, gastada en su zafia idea de presente, en sus propósitos beligerantes como propuestas de gobernación, del despotismo como escena de determinación, de la moralidad impuesta al resto, de la necesidad de enemigos como forma de estar en el mundo y la épica de lo histórico – con ruborizante infantilismo-   como acontecimiento de legitimidad, no para explicar sino para justificar todo tipo de atropello al presente.

Claro que, por otro lado, cierto sector del independentismo catalán alude a causas muy similares, guardando todo aquello que no se quiere señalar, dibujando un horizonte de futuro poco menos que quimérico. A saber, los condados catalanes a los que de vez en cuando aluden, no fueron nunca nación ni reino; que el matrimonio entre doña Petronila, heredera de Aragón y Ramón Berenguer, conde de Barcelona, da un heredero a Aragón, Alfonso II, rey por parte de madre, no de padre y sin embargo, existe el empeño en hacer prevalecer al hombre sobre la mujer y trasladar los rangos de la esposa hacia el marido, por lo que la vía histórico medieval es torticera. No olvidemos que la Unión de Armas no abolió la corona de Aragón, que los decretos de Nueva Planta fue el germen por donde respira el nacionalismo al ser abolida la institución tras haber perdido la guerra de Sucesión frente a Felipe V, no por nada sino porque Cataluña apoyó al candidato austriaco, por lo que no desdeñaban la figura de un rey de toda España. Tras esto, las élites que se vieron afectadas hicieron de su causa una casusa común que sólo beneficiaba a dichos privilegiados. Tampoco habría que olvidar que en las guerras Carlistas fueron los catalanes quienes apoyaron al hermano de Fernando VII, acaso tan abyecto como el difunto rey…En fin, que, si se quiere, el factor histórico hace aguas.

Y en esto, la ultraderecha, el trío de Colón, con su incansable estulticia, deseosa de repudiar, haciendo de España un trofeo; incivilizada en la querencia a obligar a sentirse español bajo patrones de antiguo régimen y ninguna inteligencia, apóstoles del aborregamiento, la lobotomía y la incapacidad; proxenetas de la palabra libertad para poder prohibir y anular, con  intención de violador tan chulo como acomplejado y peligroso, cuyo objetivo no es otro que esa España de la que tanto se llenan la boca…Apropiaciones….

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