Al final, para un partido de izquierdas que quiere ser coherente con su ideología y su programa, que quiere ser honrado en sus actuaciones y ser eficaz en la tarea de gobernar, resulta mucho más difícil ser gobierno que ser oposición.

No pretendo insinuar que el papel de la oposición no sea importante, los partidos que con sus concejales forman parte de la Corporación Municipal, tienen varias funciones muy importantes: fiscalizar la gestión de los que gobiernan, hacer propuestas para mejorar la ciudad y atender las demandas y problemática diversa de los vecinos.

Para los partidos de derechas no existen contradicciones, su objetivo es la complacencia (abducción a veces) de los ciudadanos para seguir instalados en el poder, y utilizar su cargo, estatus o posición de poder para favorecer intereses particulares, privados o conniventes con terceros, y en todos los casos propiciar la  transferencia de dineros y bienes desde lo público hasta manos privadas.

En el caso de los partidos de izquierdas, a los que se presupone el interés por el bienestar colectivo, a veces se les plantean problemas de toma de decisiones, que pueden entrar en fricción con su ideología.

En Rivas, en estos días se están debatiendo varios temas en los que esta contradicción se ve perfectamente reflejada: uno el de la ‘planta de sanitización de las basuras’, el otro el del ‘polideportivo La Luna’.

En el caso de la planta de tratamiento de las basuras, que lleva coleando ya más de dos legislaturas, su promoción se enfrenta con la idea de reducción a cero de los desechos domésticos, por la que muchos apuestan. Los defensores de la planta, aseguran la reducción de los volúmenes, la valorización de productos obtenidos en el proceso y la obtención de gas y otros subproductos. Los detractores denuncian que el principal producto final será usado como combustible de incineración.

El polideportivo es otro caso. El consistorio fundamenta la necesidad, los vecinos la demanda. Pero los primeros anuncian que no hay dinero para su construcción y funcionamiento, por tanto la solución es cederlo por 40 años, a cambio de su construcción y puesta a disposición a los vecinos.

Algún político del gobierno ya ha dicho que si ‘lo que tiene que primar es la ideología, ó el interés común de los vecinos’. Y los que no están de acuerdo han contestado que ‘quienes le votaron, lo hicieron por su ideología, y que sus programas están pensados en la gente’.

Lo cierto es que gobernar implica decidir y hacerlo para la mayoría, evidentemente de acuerdo con los principios promulgados y los programas prometidos, aunque los votantes que hayan pormenorizado en esos programas hayan podido ser más bien pocos.

En todos los casos, hay una solución fácil y es preguntar a los interesados (práctica que debiera ser una de las más principales de la izquierda), eso sí, explicando claramente las ventajas e inconvenientes de cada una de las opciones, aportando todos los datos sobre la necesidad en cada caso y propuestas de otras posibles soluciones…

Es fundamental que las decisiones sean asumidas por todos (por la mayoría), sean estas buenas o perjudiciales, a corto, a medio o largo plazo.

Los políticos son vecinos y vecinas como los demás, con los mismos intereses y las mismas reservas, lo único es que a ellos les toca tomar las últimas decisiones. Mejor no tomarlas solos…