Un relato del año 1991 en África.

El relato de una anécdota de la vida de Fernando Simón cuando trabajaba en África se ha hecho viral en los últimos días en Twitter y está sirviendo para profundizar un poco más en una etapa poco conocida del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias.

La historia está extraída casi completamente de un artículo que publicó en marzo en El Diario del Alto Aragón el artista y viajero Marco Pascual.

Todo sucedió en el año 1991, cuando Simón trabaja como médico en Burundi. Pascual cuenta que en la nochebuena de aquel año se quedó ‘tirado’ en ese país y acabó en la casa de Fernando Simón, al que llegó después de que el dueño de un club náutico le hablara de él.

Dice que al llegar a su casa le abrió la puerta la sirvienta y le hizo esperar dentro. Cuando Simón volvió a su hogar se quedó extrañado de ver a aquel desconocido, pero pese a ello le invitó a quedarse en su casa todos los días que necesitase.

“La ligera reticencia que Fernando debió sentir cuando de improviso me presenté en su casa, se disipó de inmediato cuando empezamos a conocernos, especialmente al saber que yo era de Huesca, pues resultó que él era de Zaragoza”, cuenta el viajero, que celebra que durante una semana tuvo el “privilegio de convivir y observar” el trabajo que realizaba Fernando allí como médico voluntario de Medicus Mundi.

En aquella época, Simón pasaba consulta a 120 pacientes por las mañanas y por las tardes atendía a otros 60 que estaban en el hospital. Todo ello, dice Pascual, con medios escasos y anticuados a los que él trataba de sacar el máximo partido. “Fernando era el único médico, en él recaía todo el trabajo, todas las funciones y decisiones, sin tener un sólo día libre a la semana”, recuerda a la vez que subraya que Simón había promovido por su cuenta varios proyectos para mejorar la salud de la población.

El artista asegura que, además, en aquel momento se sufría una guerra de guerrillas y que Simón acudió a la capital del país para abastecerse de medicamentos pese a que conocía la prohibición de circular por la ciudad.

“Le acompañaba otra persona, y cuando iban a comprar las medicinas fueron tiroteados por los militares. Por suerte ese día salvaron la vida, pero por poco, los impactos de bala dieron en la parte lateral trasera de su todoterreno. Después de detener el coche, en la revisión de papeles y vehículo, encontraron el dinero que llevaba en un bolso para comprar las medicinas, y los militares se quedaron con él. Luego les dejaron seguir”, relata Pascual.

“Según me explicó, lo más importante para que un médico europeo pudiera realizar su trabajo en África con éxito, era la comprensión de las tradiciones y la psicología con los enfermos. Si no se ganaba su confianza, no había nada que hacer”, cuenta el viajero, que destaca que puede dar fe de que Fernando Simón “había logrado el grado más alto de confianza, entendimiento y respeto de sus pacientes”.

“De lo que también estoy seguro, es que Fernando no sólo ayudó a mejorar la salud de una gran población, sino que salvó muchas vidas en los dos años de trabajo en Burundi. Y todo con una gran humildad”, prosigue antes de zanjar: “Con rotundidad puedo afirmar que, de todas las personas que he conocido a lo largo de más de 30 años viajando por el mundo, por ninguna he sentido tanta admiración como por el doctor Fernando Simón”.

 

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