Solo era cosa de tiempo, nuestra ciudad dispone de una masa vegetal y arborícola muy extensa, y es el lugar idóneo para establecimiento de éste ave considerada invasora.

En 2005 se documentaron 1.000 ejemplares en Madrid, lo que ya se consideró “problemático, porque la población a partir de esa cifra no disminuye sola”, explicó un técnico experto, quien añadió que “no se trata solo de un problema de Madrid sino también de otras ciudades españolas como Barcelona, Málaga o Valencia”.

La invasión tiene su origen en la moda de la década de los ochenta y noventa de comprarlas como animales de compañía. En 2011 el Ministerio de Agricultura las incluyó en su lista de especies exóticas tropicales. Sin embargo, hasta ese momento habían llegado a España unos 200.000 ejemplares. “Acabaron en los parques porque los propietarios se cansaban y las soltaban o porque ellas mismas se escapaban”, explica el experto Santiago Soria Carreras, jefe del Servicio de Biodiversidad del Ayuntamiento de Madrid. 

La población en libertad en Madrid de cotorras argentinas, tienen una vida aproximada de 20 años atrás. Se reproducen rápidamente (entre 6 y 8 huevos cada año), y ha aumentado un 33% desde 2016 a finales del 2019. Hacen ruidos considerados molestos, transmiten enfermedades a otras aves, se comen su alimento y expulsan a otras especies, según el experto.

“Es un pájaro que se habitúa muy bien a condiciones que no son las suyas. Se ha adaptado porque es muy inteligente. Además, se alimenta de muchas cosas y aprovecha cualquier resto de comida o vegetal”. El frío, según Soria, no ha podido con ellas porque los nidos son muy gruesos, a pesar de provenir del clima cálido de la selva semitropical del norte de Argentina y sur de Brasil. Los nidos pueden pesar hasta 200 kilos, aunque suelen estar entre los 40 y los 50. «Si se precipitan desde una altura de 15 a 20 metros, [el golpe] es absolutamente letal», ha señalado por su parte el delegado de Medio Ambiente.

Uno de los lugares donde están creando una colonia en nuestra ciudad es, en la rotonda arbolada donde confluyen las calles Paseo de la Chopera, Nibelungos, Vicente Aleixandre y Ópera, ya se ven los nidos y sobre todo se las oye con gran algarabía.

Quizás la administración pública deba tomar alguna medida, antes de que la situación llegue a ser difícilmente controlable.

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