A pesar de las fuertes lluvias que han caído en el país —hasta con granizos «del tamaño de pelotas de golf» en la capital, Canberra— Australia sigue ardiendo.

Pero aunque las llamas ya no abran las portadas de los periódicos, la situación en Australia continúa siendo crítica: la cifra de personas fallecidas ha ascendido a 29, más de mil millones de animales han muerto y la superficie afectada supera las 17,1 millones de hectáreas (dos veces el tamaño de Andalucía, aproximadamente).

Los bomberos voluntarios continúan arriesgando sus vidas luchando contra las llamas, y se están enviando aviones y helicópteros para lanzar toneladas de alimentos como zanahorias y patatas a los animales hambrientos que siguen en mitad de los incendios.

La verdad asusta: sabemos que incendios como estos serán cada vez más frecuentes y devastadores si no hacemos nada para luchar contra la emergencia climática. Con tu apoyo económico podemos seguir presionando al Gobierno australiano para que reconozca la crisis climática y tome medidas para evitarla. Hazte socio/a de Greenpeace >>

Aunque el primer ministro australiano por fin ha reconocido el papel clave del cambio climático en los incendios, sigue sin planes concretos para reducir las emisiones de su país, que es el segundo mayor exportador de carbón en el mundo (de hecho está entre los principales vendedores del carbón que usamos aquí en España).

Un país con el clima y la extensión de Australia no necesita carbón, es perfecto para energías renovables como la eólica y la solar. Pero los «colegas» de la industria de los combustibles fósiles, principal causa del cambio climático en Australia, tienen demasiado poder en la política australiana y están impidiendo una transición ecológica. Esto no puede seguir así.

Ayúdanos a seguir haciendo lobby en la lucha contra el cambio climático para evitar que incendios como los que están asolando Australia sean cada vez más catastróficos.

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