Filomena es solo un aperitivo de lo que nos espera.

Ha pasado ya una semana desde que la borrasca azotó España y todavía hoy seguimos sufriendo sus consecuencias. En numerosos lugares del territorio se ha sembrado el caos más absoluto, dejando imágenes propias de una película sobre el colapso: carreteras cortadas, trenes y autobuses suspendidos, árboles caídos, cortes de luz y agua, fallos en las telecomunicaciones, falta de abastecimiento de alimentos, caídas de tejados…

Aún está pendiente una evaluación detallada de todos los daños materiales causados, pero todo indica que no serán pocos. Por no hablar de los impactos en nuestra salud ante la imposibilidad de llegar a centros hospitalarios, las miles de fracturas de huesos por caídas en las calles, las personas atrapadas e incluso las vidas que ya se ha cobrado el temporal.

Filomena nos ha mostrado lo vulnerables que somos como sociedad ante fenómenos adversos. Y estos, ya sea en forma de sequías, inundaciones, olas de calor o incendios, serán cada vez más frecuentes y severos por el cambio climático. En Greenpeace sabemos desde hace años que esto es una emergencia, por eso, junto con Ecologistas en Acción y Oxfam Intermón, hemos llevado al Gobierno a los tribunales por no asumir la ambición climática que se necesita para proteger a la ciudadanía de los peores impactos del cambio climático.

Borrascas como Filomena no son ninguna señal de que el calentamiento global se esté revirtiendo. Los últimos 6 años han sido los más cálidos jamás registrados a nivel global y, a pesar de la reducción de las emisiones debido a los confinamientos para combatir el coronavirus, la concentración de CO2 en la atmósfera ha seguido creciendo hasta alcanzar nuevos récords.

Filomena tiene que ser la palanca de cambio para que el Gobierno y todos los grupos políticos aprueben una ley a la altura para poder frenar el cambio climático al que nos enfrentamos.

Greenpeace

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