Situaciones extrañas y nunca antes experimentadas como la que desde hace semanas atrás venimos viviendo concentran nuestro interés, suscitando todo tipo de reflexiones para dejar otras de lado. En este sentido resulta atractivo poner sobre la mesa todo cuanto, desde los primeros colapsos sanitarios, hemos podido exponer y vocear. Desde luego podríamos redundar en todo lo sucedido y está sucediendo; sería, incluso, aceptado abordar lo evidente como forma de saldar y exorcizar nuestro monumental cabreo y temor a partes iguales, alimentado por los carroñeros políticos que, ni en estas circunstancias mantienen la decencia institucional al albur de “olvidos” premeditados y falta de decoro personal, donde la inexistencia de vergüenza alcanza la misma cúspide que la capacidad para el consenso, la propuesta y el sentido político que despedazan como en una especie de permanente y fanfarrón acoso en forma de juego perverso sin el más básico sentido de la comprensión y al compás del aplauso de sus propios jaleadores de previsibles entendederas.

No habría más que repasar la hemeroteca  reciente para dar testimonio de ello. El juego de la derecha se torna a macabro buscando una desestabilización continua, contradiciendo incluso sus propias palabras y demandas. Pero que más dá. Porque hablar de lo evidente en lo que tiene de acepción nos llevaría a aceptar una lógica que tendría poco margen de cuestión. Hablar de nuevo sobre el desmantelamiento de la sanidad pública de Madrid arrojando y culpando de su situación al gobierno central, por parte de Partido Popular y Vox, resulta de una evidencia que no deja lugar a réplica. Hablar de las residencias de ancianos donde, por cierto, la propia CAM ha debido intervenir ante el deterioro absoluto de condiciones, sería redundante una vez más. Exponer y poner de manifiesto la magnitud de la pandemia a nivel nacional e internacional – a la  que nadie jamás se había enfrentado- y el sobrecogimiento del problema, a nadie con capacidad de análisis le pasa inadvertido. Pero ahí andan los que sólo se manifiestan a raíz de la toma de decisiones del “otro”, resultando otra evidencia de libro. Percatarse de quiénes han sido los que han reaccionado con solidaridad y creatividad para mitigar en parte los efectos de lo sucedido resulta meridiano y deja poco margen a la adivinanza. Que los recursos del Estado se han puesto con prontitud como escudo al problema, no queda expresado en clave de enigma…Y así hasta agotar cualquiera de todos los flecos que cuelgan de una situación como ésta y de la que cada cual tiene una larga e interminable lista.

Y sí, lo evidente parece que, por serlo, está en fase de sospecha cuando se pone el ventilador a la caza de poder, incluso en esta situación…no olvidemos que algún político y periodista como Pedro J. Ramírez proponen un gobierno de concentración, o lo que es lo mismo, un golpe de estado.

Esa evidencia en la que no queremos caer es la que nos hace ser obvios y recordar que un Estado con toda su complejidad y tras la Revolución Francesa, tratando de ser pedagógicos para que nos entiendan quienes no quieren entenderlo, resulta ser una especie de consenso colectivo, una especie de gran comunidad de vecinos donde se administra lo que se ha puesto en común. El Estado, no lo es como patrimonio de la autoridad, sino que es lugar común con los mismos derechos, obligaciones y libertades, articulados en torno a unas normas no interpretables como es el concepto de “Titularidad” bajo el cual algunos han escondido la privatización de parte de la sanidad pública. Y es que un estado que basa su legitimidad y patriotismo en las fronteras y  capacidad militar frente al recorte de libertad que supone no poseer acceso a la sanidad o educación poco puede presumir de democrático. Privatizar lo que nos convierte en un estado se llama simple y llanamente delincuencia. Y es que ya hemos visto como los mismos sectores políticos que niegan la legitimidad del estado en la aplicación de reglas comunes, han sido los que con más fervor han pedido al gobierno central la aplicación de medidas y dotación de recursos que ellos otrora negaron. El irónico termino “papá estado” ahora es cuestionado por quienes lo intentan desmantelar desde el ultra liberalismo, pidiendo su intervención inmediata… evidente. Porque es a través de él desde donde saquean lo común con propósitos carroñeros. Igual deberían buscar en los bolsillos de las empresas a quienes se les hicieron concesiones y conciertos…una evidencia. Mientras, la Bolsa sigue ausente de la sociedad y acechando sobre cualquier posibilidad de hacer presa de la desgracia…cristalino; los hospitales privados despidiendo personal y faltos de recursos, los públicos sin dotación de personal… pero seguro que, no lo duden, es todo fruto de nuestra imaginación y posición ideológica. Y claro, claro que lo es, al igual que bajo la de estos próceres incompetentes e insaciables de ideología ultra capitalista, fundieron los recursos de los que nos habíamos dotado. 

Pero no, no hablaremos de lo evidente. Que cada cual haga su pronóstico, urda su posición y recuerde quién es quién cuando deba introducir su voto en próximos comicios.

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