Un derroche de imaginación desbordante a través de las redes sociales. Profundas reflexiones sobre el sentido de la vida, sobre el poder de la naturaleza,… Análisis políticos de mucho calado, que desgranas los intereses de unos y de otros, las responsabilidades malsanas de los poderosos. Continuas recomendaciones y advertencias sobre cómo defendernos del contagio. Llamadas a la responsabilidad para con nosotros y con los demás, a ser cautos y respetuosos con los servicios sanitarios,… Tablas de gimnasia para mantenernos lo más en forma posible; películas en abierto, documentales, libros,…, programas de estudios de idiomas y/o de las más variadas materias. Pareciera casi una revolución cultural y de comportamientos.

Y luego los actos continuos de solidaridad, de homenaje y de reivindicación y protesta: todas las tardes a las 20h el aplauso (cada vez más sonoro) a todos aquellos que no pueden estar protegidos en sus casas, porque son quienes aseguran los servicios, los sanitarios, los de limpieza urbana, recogida de basura, carteros,…, o a los que tienen que trabajar en farmacias, tiendas de alimentación y supermercados, para asegurar que cuando necesitamos algo estará disponible. Todos los que nos aseguran los servicios fundamentales y nos hacen esta cuarentena más llevadera.

Y también tiene hueco la reivindicación y la protesta, ‘la cacerolada’ contra el rey Felipe VI mientras en televisión hacía su discurso a los españoles. Discurso en que no hizo ninguna alusión a la corrupción acumulada durante más de cuarenta años de su padre Juan Carlos I y de su familia. El golpeteo sobre las cacerolas se escuchaba por todo Rivas y con seguridad en toda España, aunque el que no quiere oír no oye. Lo que todos esos que protestábamos le pedimos, es que devuelvan no solo los cien millones de comisión recibidos de los jeques árabes, sino todo lo que nos han robado en estos años y simplemente lo donen a la Seguridad Social para que puedan adquirir todo ese material, los equipos y el personal necesario para que la sanidad pública esté a la altura de las peores circunstancias, como la de ahora.

Seguro que superaremos esta crisis, como nos dicen desde las autoridades médicas y las políticas, pero sabemos que muchos se quedarán en el camino y nos preocupa en gran medida qué pasará después: ¿recuperaremos todos los puestos de trabajo y los que ya faltaban antes?, ¿qué pasará con las empresas que inevitablemente van a quebrar?, ¿habremos aprendido que los servicios públicos, como la sanidad, hay que reforzarlos y no desmantelarlos?, ¿por fin concluiremos la necesidad de la renta básica para todas las personas que la necesitan?, ¿habremos aprendido que lo colectivo prima sobre lo individual, que estamos mejor juntos que separados?, etc.

Son muchas las incógnitas que se nos vienen encima y tendremos que estar preparados.

De momento, nuestro empeño deberá ser salir de esta crisis sanitaria, cuidar a los más débiles y cuidar a los que nos cuidan. ‘De bien nacidos es ser agradecidos’.

Anónimo