No cobran entrada, por ahora, no hay que esperar cola, puedes llegar hasta donde quieras con el coche, en los barrios pequeños que quedan en Madrid. Lo tienes que dejar en la puerta, que tampoco es tanto.

Pero en los grandes de los que estamos dotados puedes llegar sentado hasta el lugar que quieras visitar, por lo tanto, ni la pereza ni la incomodidad tienen excusa.

Por la edad en que yo te situó, un jubilado, tendrá a padre, madre o quizá los dos, mayor motivo abuelos, tíos, etc… Además de un buen grupo de amigos, vecinos, compañeros no sigo, a estas alturas ya sabes de sobra, que el recito del que hablo es el cementerio.

Eres consciente de que todos estos mayores que están diseminados por este parque llamado por algún chusco “El cortijo de los callados”, han sido generosos contigo en enseñanzas y aportaciones de cariño para tu persona y tu formación, por lo tanto se merecen que vayas alguna vez a hacerles una visita de forma voluntaria, no semanal ni mensual, pero quizás aprovechando que acudes al sepelio de algún compromiso.

Hay diferentes motivos para darse de cuando en cuando una vuelta por el lugar, bien seas de alguna creencia religiosa o no, que eso puede ser secundario.

Y llegado al ecuador de este escrito, te va a llegar más de cerca, quizá aún, y te dará para pensar.

Hace varios años te recreabas haciendo planes para cuando llegara el momento de tu jubilación, y por fin, hace unos meses que te llegó, ¿y qué?

pues que de todo lo que soñabas y esperabas no te sale nada, ni parecido.

Por diferentes temas que hay que analizar; pero que dejamos para otro día por su amplitud.

Cuando estabas en activo tenías una larga jornada de trabajo, transporte, comida, compras, descansos, etc… Varias horas solo al día para confraternizar con la oposición (esposa) y no era momento de ese poco tiempo para montar una gresca. Pero amigo, ahora que tienes las veinticuatro horas del día para estar juntos, la cosa cambia y de qué manera.

Os queréis mucho, sí, y no podéis vivir en uno sin el otro; aunque siempre hay algún pero y es que sois un hombre y una mujer, para bien o para mal.

Y aquí está el encontronazo entre dos polos, positivo y negativo, del cual a veces saltan chispas, que ninguno queréis, pero que suceden, y que te tienen amargado.

¿Has pensado en ir a un psicólogo, nacional o de importación? Que también los hay, y muchos cada uno cuenta de la feria según le va en ella.

Por mi propia experiencia y oído a otros no da siempre resultado, es largo y costoso.

Un buen consejero puede ser un sacerdote, sobre todo porque es un hombre entrenado en años y con mucha experiencia. No tienes por qué ser cliente de la iglesia, pero te atenderá bien y de forma gratuita.

Por último, una vez más te digo que cuando te sientas estresado, y como que el mundo se te cae encima, date una vuelta por el cementerio, y en el silencio y recogimiento pasea entre  las lapidas y lee sus inscripciones.

Sin darte cuenta te irás relajando, y con nostalgia pensar más o menos que un día puedes ser vecino de esa “urbanización”.

Ese es el momento para mirarte en el ombligo y hacer un profundo examen de conciencia y preguntarte si eres tú o el mundo el que no funciona.

Todos estamos llenos de defectos, y con la edad de manías, que incluso a veces somos capaces de darnos cuenta, pero que queremos que las corrijan los demás.

Pues bien, tras un largo y meditado paseo, regresa a casa, dale dos buenos

besos a tu mujer e infórmala de tus buenos propósitos y de tu intención de

cambio.

Ella estará dispuesta a colaborar contigo y verás todo en positivo, y el mundo mucho mejor. Todo tiene arreglo menos ya sabes el qué, disfruta a tope de tu jubilación, y saca de ella todo lo positivo que tiene.

Da gracias a cada día que amaneces con tu esposa al lado, y no te calientes la sangre por nada, que mañana también sale el sol otra vez.

Y ojalá que este comentario te sirva de ayuda como es mi deseo.

José Luis Vázquez