Amaneció sin querer, como dice Toni Zenet en su canción, eran tiempos vacacionales y algunos fuimos al aeropuerto. No importa a cual. Como siempre lo más difícil fue aterrizar el coche. Extenuados de la caminata conseguimos encontrar el mostrador de facturación y nos resignamos a la puñetera ley “la cola en que no estoy siempre va más rápido”.

. A veces en los aeropuertos lo que más vuela es la imaginación. Y llegamos al control de seguridad. Autocrítica: ¿a ver, alma de cántaro, para que llevas las moneditas, para que continuas con la botellita del agua en la mano?. ¿Y el  cinturón. Para que te pones el cinturón (además que con las bermudas y lo que has engordado no te hace falta) si sabes que te lo vas a quitar?. Bueno…

Volar es un placer sensual. Conserva algo de glamour. Nadie nos obliga a volar en pleno agosto, apreturas, malos humores, retrasos, mal educados y catetos. Ser catetos no tiene nada que ver con el lugar de nacimiento o residencia. Es una actitud mental. Hay catetos de Nueva York y cosmopolitas de Rivas Vaciamadrid.

En la cola para entrar al avión siempre hay alguien que protesta, alguien que no se entera, algún  borrego que quiere salir de la manada, el que ha oído por el altavoz siete veces que su fila entra luego pero se empeña en entrar antes. Al fin, dentro.

Las dimensiones de los asientos tienen tema para un artículo, una querella y una denuncia ante el Tribunal Penal Internacional de la Haya. No cabe el culo. No caben las piernas. Las rodillas están en el respaldo del otro. Y siempre el de delante se empeña en reclinar el asiento todo lo que puede.

¡Ah! Vaya meado. Mejor. El pasillo es tan estrecho que para llegar en pleno vuelo al baño hay que hacer tamaños equilibrios que puede parecer que está uno, con tanto vaivén, borracho. Y te expones a que te ofrezcan otra copa por veinte euros, te monten el pollo por estar borracho, te amenacen con expulsarte del avión, no sin antes ofrecerte un café para despejarte por cinco euros, siete con galletita.

Hay que aterrizar cuanto antes en la realidad. Pedir mas empleados y mejores sueldos, mas civismo y educación en aeropuertos, líneas aéreas, rentacares, hoteles, etc,…,  mas diligencia y buenas maneras, mejores infraestructuras, un trato mas digno. No parecen peticiones estrambóticas, fuera de la realidad, como de estar en las nubes sin haber facturado antes.

En fin, que estos cigueñeros allá por donde sentemos nuestros reales o dirijamos nuestro vuelo, estamos con el mismo chip tocapelotas, cual Pepito grillo de la movida. Tarareemos siguiendo a Zenet, en esa, su hermosa canción…,

Eramos nosotros mismos,
vistiendo la misma ropa.
Eramos nosotros mismos,
pero la luz… ya era otra.

Y volvimos (algunos quedaron de guardia y es menester recordarlo) y aquí estamos, ya en Rivas Vaciamadrid, aterrizados, pidiendo las mismas cosas, con la luz de un nuevo instante, recargada la mochila de los sueños. Nosotros mismos, con los pies en el suelo, cabeza alta, y dispuestos al duro trabajo del día a día en el que no hay que volar sino andar tranquilamente, razonar sosegadamente.

Salud y comunicación desde El Pregonero programa informativo de Radio Cigüeña.

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