Cuando Goyo Salcedo veía a su hermano reconstruir un mapa de España a partir de desconchones de yeso de muros (podría ser una metáfora de nuestro país), decidió dedicarse a la escultura. La metralla como material para remendar unas heridas que nunca terminan de cicatrizar. Quizá es bueno que no cicatricen del todo, que se noten las costuras, para que no olvidemos nunca lo que ocurrió, y para que nadie falsee la historia. Aprovecho la ocasión con motivo de su exposición “Metrallarte” para entrevistarle.

Además del indudable valor técnico y artístico de tus obras está el valor simbólico de estar creadas en su mayor parte por materiales encontrados en los campos de batalla: metralla, picos, obuses estallados. ¿Cómo surgió tu interés por crear estas esculturas realizadas con metralla?

La escultura con hierro-acero siempre me ha gustado. Mi interés por la escultura de metralla surgió al encontrarme miles de kilos de ella en los campos de batalla cuando empecé a hacer el museo ¿qué hacer con ella? Pensé: lo mejor es hacer arte con lo que sirvió para matar. Si lo das para fundirlo es posible que otra vez lo empleen para hacer lo mismo: MATAR. Jamás se podrá “redimir” el daño que hicieron, ni con esculturas ni con nada en el mundo. Solo vale (o tal vez valga), para denunciar tal tropelía, que nos dejó en la más absoluta de las miserias, llenos de odio, con un país hundido y que todavía se oyen los ecos de esa miserable guerra.

Cuéntanos cómo es tu proceso creativo, tu técnica ¿Qué fases se producen desde que tienes la idea en la mente hasta que la obra está culminada? ¿Has notado una evolución estilística o técnica entre tus primeras obras y las más recientes?

Supongo que será como lo hacen todos los que se dedican al tema. Te fijas en todo: la naturaleza, los objetos cotidianos, libros, revistas, ideas. Haces un boceto de lo que quieres realizar (en mi caso muy malo porque soy negado en la pintura), realizas el boceto con escayola o cemento y a trabajar. Si no es de tu agrado lo rompes…y a empezar otra vez. No cabe duda de que vas notando con el tiempo una evolución estilística y también técnica de cualquier obra.

Una de las instalaciones que llamará la atención del público que visite la exposición será sin duda la de “Las trece rosas”. Cuéntanos cómo se te ocurrió este homenaje a estas mujeres inédito hasta este año.

A raíz de saber de ellas, lo que había pasado, trece (catorce) mujeres jóvenes fusiladas ¿por? Otra salvajada más. No las hice con metralla por la cantidad de ella que habría que emplear. Las realicé con hierro-acero (pletinas), solo el torso, donde destaca la feminidad (la grandeza) Si las miras de frente son trece bustos de mujer, todos diferentes más uno aparte, de metralla (la rosa catorce).  Solo te das cuenta de los sufrimientos que debieron pasar cuando miras sus espaldas desgarradas y retorcidas. Creo que es un efecto buscado y en cierto modo con éxito, pues refleja a mi modo de entender los sufrimientos que debieron pasar y que no se ven.

Entre críticas a la guerra, siempre hay un hueco para el humor, con algunas obras que harán sonreír al visitante. Goyo manifiesta en este sentido su admiración por el humor inteligente y respetuoso de Gila. Conviven junto a obras con un fuerte componente emotivo, como los brazos y piernas desgarrados de hombres y mujeres.

Desde luego que sí. El cuerpo humano y nuestra guerra civil, el poder, las guerras, todo lo que acarrea sufrimiento y todo lo que te hace pensar, son componentes emotivos para intentar plasmarlo en la obra. Otra cosa es que lo consiga. Un ejemplo es “Arbeit macht frei” (“El trabajo te hace libre”), titulo tomado del letrero que había en muchos campos de concentración nazis, y también en España donde también los hubo.

Eres el creador y alma mater del Museo de la Batalla del Jarama en Morata de Tajuña. ¿Cómo surgió esta idea? ¿Estás satisfecho? ¿Cuál es su futuro?

En los años 50-52 buscaba con mis hermanos y mi padre objetos de metal en los campos donde se había desarrollado la batalla del Jarama. Eso deja una huella imborrable en tu vida posterior. Esta huella fue la que me hizo comenzar a crear el Museo, y en esto estoy todavía. La satisfacción por realizar este museo ha ido por etapas: unos comienzos difíciles, sin medios (sólo recibe ayuda monetaria de una familia de alemanes), pocas ayudas, muchas dificultades y algunas denuncias. Pilar, la dueña del local, me asegura que siempre será “el museo”, lo dice y lo repite siempre que habla conmigo. Esto me deja a mí muy tranquilo y empiezo una nueva etapa: hacer el museo más grande y mejor si cabe, hasta ahora. Todo esto sería maravilloso si no fuera porque la realidad es absolutamente diferente: unos comienzos malos, y un final peor. El futuro del museo finalmente estará ubicado en las “caballerizas”, un local del Ayuntamiento de Morata de Tajuña después de una remodelación del edificio… si nos dejan llevarlo a acabo. Aprovecho para invitaros a visitarlo porque en no mucho tiempo se cerrará y no habrá ocasión de verlo tal como está ahora.

Para terminar, algunas de las obras que veremos en la exposición estaban expuestas en el Museo de la Batalla del Jarama. Pero hay otras que no están expuestas habitualmente o que son de reciente creación (como las Trece Rosas). ¿Qué dirías para animar al público para que no se pierda esta exposición tuya que se inaugura el 26 de noviembre en el Centro Social de Covibar?

Varias obras que veremos en la exposición están realizadas con metralla de los proyectiles que se tiraron unos a otros en la batalla del Jarama. Todas ellas están muy ligadas al Museo, forman parte de él, es más, sin ellas el Museo posiblemente no sería el mismo. Son únicas en el mundo, por ser realizadas con ese material y posiblemente no se expongan después de Rivas nunca más. Es una ocasión que van a tener los vecinos de Rivas o cualquiera que venga a visitarnos. Vale, os espero.

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