La Comunidad de Madrid no ha dejado de sorprendernos en su gestión contra la pandemia con unas medidas que, lejos de cuidar y proteger a las personas más vulnerables en esta crisis, han acentuado las desigualdades. Cuando la ciudadanía esperaba una respuesta para cubrir sus necesidades, el gobierno presidido por Isabel Díaz Ayuso miró para otro lado. No le importó que, durante meses, los niños y las niñas comieran a diario menús de Telepizza ni suspender cautelarmente las ayudas autonómicas a cientos de familias en una interpretación torticera de la Ley de la Renta Mínima e ignoró la preocupante situación en las residencias de mayores, donde finalmente tuvo que intervenir la UME.

Septiembre no ha sido mucho mejor. La vuelta al cole estuvo marcada por la incertidumbre, improvisación con medidas que llegaron tarde a tan solo unos días del inicio escolar, sin más recursos en los centros educativos y sin diálogo con los ayuntamientos. Un desastre de no haber sido por el esfuerzo, una vez más, de la comunidad educativa. Ahora en medio de una segunda ola, donde nuestra región lidera la tasa de contagios, nos volvemos a encontrar con un sistema sanitario colapsado: sin el refuerzo de la Atención Primaria; con centros de salud desbordados; sin más personal sanitario y no sanitario y el que hay, trabajando a destajo y sin descanso; seguimos sin suficientes rastreadores; los tiempos de espera para las PCR y sus resultados siguen aumentando en nuestra comunidad; continúa el cierre de las urgencias en nuestro centro de salud La Paz, sin una fecha de reapertura, y la derivación de estas a los hospitales va aumentar aún más su presión en un momento en el que la atención hospitalaria está a punto de entrar en riesgo de colapso, como ejemplo el Hospital del Sureste, nuestro centro de referencia, que ya está derivando los partos programados al Gregorio Marañón para llegado el caso poder convertir los paritorios en UCI para atender, como ya hiciese en marzo, a pacientes con coronavirus.

Esta crisis sanitaria debería haber servido para fortalecer los servicios públicos. Porque lo que era un problema ayer, hoy se ha acrecentado con el coronavirus.

Sin embargo, el plan de Ayuso para frenar los contagios en la región no se decidió por criterios técnicos, sino que establecía una suerte de segregación por barrios entre el sur y el norte, confinando precisamente a la población de las zonas más humildes y sensibles al virus. Una situación tan vergonzante que desde Rivas denunciamos y quizá por esto, PP y C’s se desconectaron del debate en el Pleno del pasado mes de septiembre.

Cuando pensábamos que lo habíamos visto todo, la presidenta Díaz Ayuso nos ha vuelto a sorprender. Las últimas semanas hemos asistido a un espectáculo bochornoso. Horas después de pedir ayuda al Gobierno central para controlar la epidemia en la comunidad, Ayuso comenzaba una batalla partidista al no aceptar los parámetros técnicos recomendados por Sanidad para seguir combatiendo al virus. Es tiempo de estar a la altura de las circunstancias, de pensar en los madrileños y las madrileñas. Esto no va de un “sálvese quien pueda” porque de sus decisiones depende nuestra salud y nuestras vidas.

Aída Castillejo, portavoz del Grupo Municipal IU Rivas-Equo-Más Madrid

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