Da un poco de vergüenza el resultado de la Cumbre contra el Cambio Climático en Madrid en Diciembre pasado. Tantos millones de euros en gastos de desplazamiento de tantos insignes mandatarios, tanta expectación mediática y tanta palabrería, para al final ninguna conclusión, ni acuerdo concreto para atacar lo que es ya una emergencia planetaria.

Es como si los inquilinos de un edificio de veinte plantas, asisten impasibles al incendio del último piso sin que nadie tome ninguna medida. Algunos vecinos proponen tirar muebles por las ventanas para que el incendio no siga propagándose, pero esta iniciativa choca con los propietarios de grandes oficinas que no están dispuestos a que su cuenta de resultados merme. Irremediablemente, el incendio conquistará todo el edificio por la ceguera de sus inquilinos.

La verdad es que a nadie le ha sorprendido la cortedad de miras de quienes nos gobiernan para evitar que nuestro planeta se convierta en una sartén inhabitable.

No obstante, no todo está perdido. Paralelamente a esta Cumbre, ha habido otra, más alternativa y social, que se ha celebrado en la Universidad Complutense, y en la que sí han habido resultados. Además de acordar las exigencias que hay que hacerle a quienes nos gobiernan, que eso no es nada nuevo, se han acordado una serie de medidas para que la ciudadanía común empiece a tomarlas. La solución de los problemas irá en relación a cuántas personas seamos quienes sigamos estas propuestas. Veamos:

Reduzcamos el transporte de mercancías, alimentos y personas, causante del 34% de los gases de efecto invernadero.

Nuestro poder como consumidor es muy potente. Busquemos en las etiquetas de los productos que compremos que el origen es de España. Es totalmente absurdo que los alimentos recorran 4.000 kilómetros de media desde que se siembran hasta el plato. Huyamos de los alimentos procesados, casi siempre insanos y procesados en el otro lado del planeta. Es verdad que la banana sudamericana cuesta la mitad que el plátano canario, las naranjas sudafricanas y argentinas salen mas baratas que las valencianas y las legumbres de Canadá son más económicas que las españolas, pero seguro que no hemos pensado los miles de kilómetros que han de recorrer, contaminando el aire,  necesitando productos químicos para su conservación en largos recorridos y las condiciones de explotación a las que son sometidas las personas en el otro extremo del planeta.

Antes de comparar el precio de unas deportivas hechas en Elche o en Indonesia, pensemos también en las condiciones de esclavitud de las personas que trabajan para grandes multinacionales en países sin derechos laborales y en las cantidades de CO2 que tendrá que expulsar a la atmósfera los camiones o barcos para traerlas a las grandes superficies españolas.

Pensemos también si es necesario que usemos nuestro coche para ir a por el pan, seguro que un poco de ejercicio a pie nos vendrá bien. Pensemos que cogiendo el metro, a pesar de lo mal que funciona, generalmente llegamos antes al centro de Madrid que si utilizamos nuestro propio coche.

Reduzcamos la energía procedente de fuentes no renovables, causantes del 22% de los gases de efecto invernadero

Tremendo el poder que tenemos desde nuestra casa. Aparte de exigir a nuestro ayuntamiento que toda la energía que consuma sus instalaciones sea de fuentes renovables, como ya hace Barcelona, cambiemos la empresa comercializadora que nos pasa la factura de la luz de nuestra casa, por otra que nos asegure el origen 100% renovable de su producción. Hay ya muchas empresas de este tipo. La catalana Som Energía o la madrileña La Corriente son dos ejemplos de ello.

Compremos alimentos ecológicos y reduzcamos el consumo de carne, ambos causantes del 11% de los gases de efectos invernadero.

Es verdad que,  de momento, es un poco más caro comprar ecológico, pero si pensamos en los pesticidas cancerígenos que nos evitamos, quizás nos decidamos. Hay tiendas como Besana o Semillando Sotillo en el Zoco Rivas, que nos ofrecen productos ecológicos, de temporada y proximidad. También empieza a ofrecerse productos con el sello BIO en algunos supermercados. Reduzcamos el consumo de carne, seguro que nuestro organismo lo agradece y también el planeta.

Reduzcamos nuestros residuos, causantes del envenenamiento de nuestra atmósfera y del 4% de los gases de efecto invernadero.

No permitamos que nuestro charcutero utilice bandejitas de plástico que tardan 500 años en biodegradarse, exijamos que utilice el papel de toda la vida para envolvernos nuestro embutido, carne o pescado. Intentemos comprar productos a granel; en Covibar ha abierto La Ecologita, tienda ecológica de productos de limpieza a granel. Convenzamos a nuestros vecinos y vecinas que la bolsa de plástico es una temeridad. Compostemos nuestros residuos orgánicos domésticos en composteras propias o en las comunitarias que ha puesto muy escasamente el Ayuntamiento en el Barrio de la Luna y en José del Hierro con María Zambrano.

Les dejo con parte del texto de la moción municipal que propone la Alianza por la emergencia Climática:

“Abandonar los combustibles fósiles, apostando por una energía 100 % renovable de manera urgente y prioritaria. Para ello los gobiernos municipales deben analizar cómo lograr este objetivo y proponer los planes de actuación necesarios, entre otros, frenar nuevas infraestructuras fósiles, alcanzar el pleno autoconsumo eléctrico 100% renovables y una movilidad sostenible lo antes posible, crear espacios peatonales, fomentar la bicicleta y otros medios de transporte no contaminantes, reducir la demanda de energía hasta consumos sostenibles, promover el aumento de la eficiencia energética y de las instalaciones renovables, crear espacios educativos y la información a la población sobre la emergencia climática, alcanzar una política de residuo 0.

 Es necesario avanzar, entre otras, en una economía local y de proximidad, que impulse la soberanía alimentaria, silvicultura, agricultura y ganadería ecológica y de proximidad. Alcanzando lo antes posible el pleno suministro agroecológico en los servicios de restauración municipales y extendiéndolos al resto de la población”

José Manuel Pachón López