Dedico este artículo, por supuesto, a todos mis amigos y amigas, que son muchos y buenos. Se me ocurrió escribirlo al colgar el teléfono tras una larga e íntima conversación con un amigo de toda la vida, de mi entorno más cercano y entrañable.

Con la ayuda de la armonía  templada de la tarde, pensé y sentí una vez más en ese momento que la amistad es una de las cosas buenas de la vida, quizá de las mejores. Al hablar sobre ella cabe el riesgo de caer en el tópico o en la exageración, pero nos asiste también la confianza de descubrir gracias a ella perspectivas nuevas a la vida, dimensiones insólitas en el mundo de los afectos o en el ámbito del pensamiento.

La amistad posee también virtudes más operativas. Es bálsamo para la aspereza, compañía en la soledad, ternura en el desabrimiento, silencio cómplice entre la verborrea habitual, contemplación del paisaje humano, loción sedante para  el insomnio, vigilancia en la modorra, estímulo en la depresión, contención en el desafuero,  aprendizaje de compartir sin competir, armonía en la disidencia … Esta “letanía lírica de la amistad” puede estirarse hasta casi el infinito y enriquecer nuestra vida en calidad y sentido.

La amistad es un tejido basado en el afecto y la confianza, que se despliega en un mosaico de expectativas, proyectos, complicidades… Su ejercicio otorga una dimensión de consistencia y de atractiva cercanía a la vida cotidiana. “Triste está quien vive sin amigos”, reza un dicho del acervo común, y por el contrario resulta posible irnos encontrando en la vida esos “tesoros” con nombre y apellidos a los que llamamos sencillamente amigos y que forman ese hermoso colectivo  de la ayuda generosa y de la cálida intimidad.

Un vibrante elogio de la amistad debe abrazar un recuento de nuestras carencias afectivas, también de nuestras posibilidades de realización personal, de nuestra capacidad de empatía con los otros. En cualquier caso, el cultivo de la amistad otorga sabor a lo que somos y hacemos, por encima de dificultades y perplejidades. Con nuestro empeño e ilusión haremos posible que la amistad sea fuente de creatividad  y de fortaleza, imagen de madurez para la vida.

Santiago S. Torrado