En el 1957, el Gobierno Chino, presidido por Mao Tse Tung, invitó a su pueblo a acabar con “la plaga” de gorriones, culpables, según ellos, de la disminución de las cosechas.

Todo el mundo se dispuso a cazar gorriones. Los propios gobernantes de Shanghai dijeron haber sacrificado, sólo en su comarca,  más de un millón de gorriones.

Cuando ya casi se habían extinguido, las autoridades se dieron cuenta de un hecho trascendental: estos pajaritos no sólo comen semillas de cereales, también insectos. De hecho son un efectivo e insustituible plaguicida natural.

El gobierno ordenó un alto el fuego inmediato en 1960. Ya era demasiado tarde. Las cosechas, en nombre de las que se hizo todo, fueron pasto de nubes de langostas, lo que produjo una hambruna histórica.

En España, y sin ninguna orden de caza ordenada por el gobierno, resulta que han desaparecido en una década 30 millones de gorriones.

Las causas de la desaparición de estas aves, verdaderos termómetros medioambientales, hay que buscarlas en la contaminación, en los plaguicidas y  herbicidas y en el desmesurado aumento del cemento y asfalto.

El Fondo Mundial para la Naturaleza, WWF, publicó su Informe Planeta Vivo en 2020, en el que concluyen que de las casi 4.400 especies monitoreadas de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces, ha habido un descenso del 68% en el tamaño de su población, entre 1970 y 2016, a nivel global. A eso hay que añadirle que un millón de especies, ahora mismo, está en peligro de extinción.

Es decir, la biodiversidad disminuye alarmantemente. Y lo que es mas grave: esta disminución de biodiversidad está totalmente relacionada con los procesos y propagación de enfermedades infecciosas como la que nos asola del Covid19.

Fernando Valladares, investigador del Museo Nacional de Ciencia Naturales (CSIC), alerta también de las consecuencias de la degradación del medio ambiente: “La culpa de esta crisis no es de los murciélagos o los pangolines, sino de nuestros nuevos hábitos globales en medio de una naturaleza simplificada y empobrecida que no cumple su efecto protector, ahora que tanto lo necesitamos”, explica el científico. “Vivimos de espaldas a la naturaleza, pero nuestra salud depende de ella mucho más de lo que pensamos. Vendrán más virus, tal como indica la Organización Mundial de la Salud, y algunos serán más letales y peligrosos que el propio coronavirus. No habrá sistema de salud que pueda contenerlos. Solo una naturaleza rica y funcional, con los adecuados niveles de biodiversidad, podrá amortiguar los impactos de las futuras zoonosis en la salud de la humanidad”, concluye.

Así que, es hora de que toda la ciudadanía se haga ecologista. No hay economía sin salud, y no hay salud sin ecología, así de duro.

Duele darse un paseo por los campos andaluces: Olivos, y más olivos, en una sucesión interminable de monocultivo anti ecológico, y lo que es más grave, no hay una brizna de verde entre los árboles. Igual pasa en la Meseta: campos y campos amarillos de trigo, ni un árbol, arbusto o verde en kilómetros a la redonda: es decir, toneladas de herbicidas y plaguicidas y monocultivo están desolando la naturaleza en toda España.

En Junio del 2020, el Foro Ciudadano de Rivas hizo una encuesta entre la población de nuestra ciudad cuyo resultado fue el siguiente: el 54% de las personas encuestadas consideraban que el Ayuntamiento no debe prohibir el uso de herbicidas  y plaguicidas en nuestra ciudad. Lamentablemente, esta encuesta es un buen termómetro de la conciencia ecológica de la ciudadanía de nuestra ciudad.

Es evidente que nuestros gobernantes no harán políticas para luchar contra el cambio climático, y para recuperar nuestra naturaleza y nuestra salud, en tanto que la ciudadanía no tome conciencia de que es la única forma de que nuestro mundo siga siendo medianamente habitable para nuestros hijos y nietos.

Si esta horrible pandemia que estamos sufriendo nos ha enseñado algo es que cualquier política diseñada por los gobiernos, ya sean estos nacionales, autonómicos o locales, debe ir diseñada con criterios ecologistas y sanitarios.

Les dejo con algunas propuestas municipales de Ecologistas en Acción a desarrollar por nuestros ayuntamientos:

  • Ambiental: Crear una gran infraestructura verde uniendo parques, corredores ecológicos y espacios protegidos.
  • Consumo: Apostar por un consumo de proximidad y suficiencia, apoyando al pequeño comercio y eliminándolos privilegios de los centros comerciales.
  • Educación: Facilitar y promover la realización de actividades en el entorno próximo, así como el acceso autónomo a pie y en bicicleta a los centros escolares y de ocio.
  • Energía: Establecer la obligatoriedad de una hoja de ruta que garantice antes de 2030 el origen 100 % renovable y proveniente del autoconsumo de todos los suministros eléctricos del ayuntamiento.
  • Exclusión y precariedad: Defender estructuras urbanas que prioricen las actividades locales y defiendan el barrio como unidad de convivencia, trabajo, comercio y servicios.
  • Movilidad: Reducir el número de coches que circulan por la ciudad, convertir al transporte público en el eje vertebrador de la movilidad de toda la ciudad, dar prioridad al peatón y facilitar la movilidad ciclista.
  • Residuos: Reducción de residuos, reutilización de la materia orgánica y  cierre de la incineradora de Valdemingómez.
  • Soberanía alimentaria: Apoyo económico y asesoramiento técnico a nuevos proyectos agroecológicos locales.
  • Urbanismo, Vivienda y Turismo: Revisar el plan general de ordenación urbana, revertir los grandes desarrollos; Desincentivar las viviendas vacías y promocionar el alquiler social;

 José Manuel Pachón López