Fue elegida Presidenta de la Comunidad de Madrid porque ‘pasaba por allí’. Estaba en el momento adecuado y se daban las circunstancias adecuadas: los varios presidentes anteriores de la Comunidad estaban enfangados en casos de corrupción y con ellos consejeros, secretarios y todo su entorno. Isabelita, hasta entonces había sido alguien insignificante, cuya mayor responsabilidad consistía en gestionar el blog del perrito de Esperanza Aguirre.

¿A quién podía presentar el Partido Popular como candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid? Había que rebuscar entre personas no significadas y con algunas características muy específicas: no muy listas, sí muy obedientes, leales al partido y sobre todo a Pablo Casado y sin tacha con la justicia (aunque esto último no lo calcularon bien). Y allí estaba Isabel Díaz Ayuso, que después pasará a la historia como ‘Isabel la caótica’.

Decía sobre su condición ‘inmaculada’ (con respecto a la justicia en este caso), que así lo consideraron en un principio, pero se les escapó, a los rastreadores de idoneidades en el PP, que el padre de Ayuso había conseguido un crédito avalado por Aval Madrid que nunca devolvió y ella misma accedió a unos inmuebles procedentes de su familia por los que nunca liquidó los impuestos que correspondían. Detalles que desde la organización y desde las instituciones administrativas y judiciales afines se han esforzado en encubrir. Porque sí hay que reconocer (en esta ocasión y entre otras) dos habilidades concretas a los peperos: su capacidad de echar tierra sobre asuntos que quieren enterrar e inventarse otros para desviar la atención en el momento oportuno.

Isabel la caótica, en principio, cumplía todos esos requerimientos y entre todos y todas la elevaron, nada más y nada menos, que a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Y cumplió con todo lo que se esperaba de ella: no es muy lista, la mejor manera de acabar con su propia imagen es dejarla sola, ponerla un micro delante y hacerla preguntas. No sabe ni seguir el guion de sus asesores, escasamente leer un discurso sin equivocarse, e improvisando es un espectáculo (de risa muchas veces).

Pero la Presidenta casual sí cumple con otras expectativas: la han hecho creer que es la ‘Juana de Arco’ contra el Gobierno social-comunista, que está ungida por el ‘dedo divino’ y que tiene que velar por los intereses de esos que algún dios ha elegido para ser ricos y poderosos y por la moral y preceptos de la iglesia católica. Sirva como ejemplo que ha preferido contratar curas para los hospitales, antes que médicos y enfermeras.

También está aplicando las directrices principales que la asignaron en lo económico: transferir el máximo de dinero público a manos privadas. Por esa razón montaron un hospital fantasma (IFEMA) solo para que unos cuantos se forrasen y la Presidenta Isabelita se hiciera la foto; igual hicieron y hacen medicalizando hoteles de sus amigos (que la alojan en suite de lujo) en vez de abrir plantas en los hospitales que hasta ahora han estado cerradas; desviar todos las pruebas y tratamientos de enfermos a clínicas y hospitales privados (que paga la Seguridad Social muy por encima de su coste); contratar los pocos rastreadores desplegados en la región a empresas privadas, y no aceptar los profesionales que el Gobierno la estaba ofreciendo; anunciar a bombo y platillo miles de contrataciones de sanitarios y profesionales de la enseñanza, cuando son solo mentiras; seguir tomando unilateralmente medidas absurdas, mientras que se niega a coordinar las estrategias de control de la pandemia con las administraciones locales de la región; confinar y controlar a los barrios más pobres, eso sí liberándoles durante la jornada laboral para que acudan al trabajo a las zonas ricas de Madrid, y en los transportes públicos colapsados y sin las medidas de seguridad adecuadas; y derrochando las ingentes cantidades de dinero que les llegan del Gobierno Central, de la Unión Europea, etc., sin justificar en qué lo emplean.

Ni siquiera su principal encomienda ha sabido hacerla bien Isabel la caótica, era que la Comunidad de Madrid se enarbolara como la ‘punta de lanza’ contra el Gobierno Central. Primero una campaña desaforada para que dejaran que las autonomías tomaran sus propias decisiones. Una vez conseguido ese objetivo, de nuevo arremeten contra el Gobierno de P. Sánchez para que vuelvan a tomar el control de la pandemia, ya habían concluido su ineptitud e incapacidad.

El Gobierno se resiste, no quieren ser el ‘chivo expiatorio’. Si el Gobierno Central asume de nuevo el control total de la gestión de la pandemia, sería la solución idónea para el Gobierno de la Comunidad de Madrid, se liberan de responsabilidades y ya tienen a alguien a quien echarle de nuevo las culpas de todo. No nos olvidemos de que las competencias de Sanidad son de las Comunidades. El Gobierno solo sugiere y coordina las medidas idóneas a tomar. Solo ante la incapacidad manifiesta de un gobierno autonómico, el Central aplicaría las medidas legales para hacerse con el control.

Aunque a Ayuso, lo que verdaderamente la preocupa, es que hay que salvar la economía de la región por encima de la salud de los ciudadanos incluso. Y en lugar de propiciar medidas de protección y atención, los centros de atención primaria siguen semicerrados y en absoluta precariedad. La única solución de la Presidenta es el control policial y la intervención del ejército, eso reclama al delegado del gobierno y a Pedro Sánchez.

Isabel Díaz Ayuso pasará a la historia como Isabel la caótica, Ignacio Aguado de Ciudadanos y todo su equipo, como los colaboradores necesarios para todo este desastre. Y Madrid lucirá el triste honor de ser la ciudad de Europa donde más daño está causando la pandemia del Covid-19. ¿Qué dicen y qué dirán los ciudadanos?

JuanM del Castillo