El objeto del veredicto sobre el que deberá decidir el Jurado Popular del juicio por el crimen de un joven de Rivas en agosto de 2016 se encuentra paralizado tras tres intentos fallidos de acuerdo respecto a las preguntas del cuestionario para determinar la inocencia o culpabilidad de los cuatro acusados, han informado fuentes jurídicas.

La vista oral celebrada por la Audiencia de Madrid quedó ayer vista para sentencia con el alegato final del autor material del homicidio. Javier C. pidió perdón a su familia y aseveró que no sabía dónde está el cuerpo.

Tras más de dos semanas, el juicio debía concluir con la entrega del objeto del veredicto al Jurado Popular. Sin embargo, las partes han rechazado hasta en tres ocasiones el borrador de preguntas entregado por el magistrado presidente del Tribunal del Jurado.

Las partes han rechazado el acuerdo respecto a tres borradores al plantear objeciones sobre el modo en el que se planteaban las preguntas sobre cada uno de los hechos concretos sobre los que se debe pronunciar el Jurado, según las mismas fuentes.

El Jurado delibera sobre hechos y no sobre la calificación jurídica, sin concretar pena. Durante la deliberación, permanecen incomunicados con el exterior para evitar cualquier tipo de influencia.

Mañana están citados de nuevo las partes y los ciudadanos de a pie que componen el Jurado, nueve fijos y dos suplentes. Si finalmente hay acuerdo, el Jurado deberá deliberar sobre si el principal acusado troceó o no el cadáver y si lo hizo con la ayuda de Francisco G., alias Paco El Loco, entre otros aspectos.

Además, tendrá que pronunciarse sobre si los hechos constituyen un delito de homicidio como pide la fiscal o un asesinato como plantea la acusación particular. La familia de la víctima cree que no se pudo defender de su agresor. CRIMEN POR DROGAS

Según la Fiscalía, sobre la 01.00 horas del día 10 de agosto de 2016, Javier C. se encontraba en una vivienda de Rivas Vaciamadrid, junto a la víctima, momento en el que se originó una discusión entre ambos.

En el transcurso del mismo el acusado «haciendo uso de un instrumento cortante dio muerte» a la víctima, «derramándose toda la sangre del cuerpo por el suelo y las paredes de la vivienda, y causándose el acusado una herida cortante en la mano izquierda».

Dos horas más tarde se personó en la vivienda David T., quien compartía domicilio con C., pero no pudo acceder porque el otro acusado había puesto las llaves desde dentro de la casa en la cerradura.

Cuando le abrió la puerta C. estaba en calzoncillos y ensangrentado, mientras que el cadáver de A.P. yacía en el suelo de la cocina «boca abajo y arropado con una manta».

Además, las paredes y el suelo de toda la vivienda estaban cubiertas de sangre, «marchándose momentos después al pedírselo Javier C., dejándolo en la vivienda mientras limpiaba la sangre y se deshacía del cadáver, no poniendo los hechos en conocimiento de la Policía».

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