Desde tiempo inmemorial se conocen las propiedades medicinales, e incluso “milagrosas”, de los arroyos y manantiales de agua salada que hay en nuestra localidad. En el siglo XVIII,  los boticarios las recomendaban para tratar diversas dolencias gracias a sus cualidades, sobre todo purgantes y anti herpéticas. Su descubrimiento se debe a dos farmacéuticos madrileños, Luis Torrente y Félix Palacios. Ambos se percataron de que el agua de una fuente conocida como “Fuente de la Cueva”, la cual brotaba en una gruta del paraje de Capanegra, así como aquella otra procedente del pequeño arroyo que se formaba en el Barranco de las Salinas (ambas en el término de Vaciamadrid), contenían gran concentración de una sal que llegaba a cristalizar en sus orillas y que era desconocida para ellos. Estas sales, utilizadas como purgantes, alcanzaron gran fama y llegaron a comercializarse en España, Italia y Francia bajo el nombre de “Sal Catártica de España”. Incluso en la Academia de las Ciencias de París, se presentaron varios artículos científicos describiendo su utilidad y su composición.

La fama de estas aguas llegó hasta el punto de que, en los tratados de química inorgánica, se llegase a llamar “sal de Vaciamadrid” al sulfato de magnesio. Pero el científico Gabriel de la Puerta, tras analizar estas aguas, escribió lo siguiente:”la sal de Vacia-Madrid la utilizaban en las fábricas de vidrio, para comprender que es el sulfato de sosa y no el de magnesia. Además, en las orillas de los arroyos por donde se desliza el agua de Vacia-Madrid, he visto una abundante capa de sal blanca como la nieve, de la que recogí una buena cantidad y analicé en el laboratorio, encontrando que era sulfato de sosa, casi puro. De lo expuesto se deduce, que el nombre de sal de Vacia-Madrid, aplicado al sulfato de magnesia, es impropio, y que debe desaparecer de nuestros libros”.

En 1992, el periódico El País publicó la noticia de que un grupo de jóvenes médicos había solicitado al gobierno regional el permiso para instalar un balneario en Rivas-Vaciamadrid aprovechando el manantial de Capa Negra, anegado al utilizar esta zona como vertedero y que a principios de siglo se usaba para tratar afecciones de la piel. Este balneario, que sería el primero de Madrid, tendría capacidad para 1.000 personas, y el alcalde de Rivas de aquel entonces se habría mostrado partidario del mismo. Aquello quedó en otras aguas, en las de borrajas, y nunca se llevó adelante.

Hace unos días, el Ayuntamiento ha cedido una parcela para construir una nueva estación de Metro. A poca distancia de este lugar llegó a haber un apeadero de tren llamado Montarco. Los viajeros procedentes de Madrid, y a poco menos de una hora de trayecto, podían disfrutar de los efectos beneficiosos del agua medicinal. Cuando se construya esta estación puede ser una buena ocasión para reseñar el recuerdo de este patrimonio destruido o de sacar a la luz sus aguas y darles uso ornamental, medicinal o, simplemente, como atracción de turistas.

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