En esta ocasión, con motivo de unas imágenes de rapaces locales que subí hace poco más de un mes a mi muro facebook, les presento a uno de nuestros maravillosos representantes de rapaces locales. Se trata del Azor, “Accipiter gentilis” para los científicos o bien “The Northern Goshawk” para los anglosajones.

El Azor es un ave particularmente interesante por su posición en el complejo entramado ecológico del ecosistema que ocupa. Se encuadra dentro del grupo de rapaces forestales y es lo que se denomina un “predador intragremio”, o sea aquél que depreda sobre especies próximas (de hecho, los azores y los búhos reales matan más rapaces que cualquier otra ave de presa). Si el ecosistema que ocupan está equilibrado son lo que se denominan meso-depredadores —los situados en una escala media— dentro de la comunidad de aves, pero cuando faltan los grandes depredadores (águilas, búhos reales, etc) pasan a la escala superior y se convierten en máximos depredadores.

La imagen que adjunto fue tomada en San Fernando de Henares, en julio de 2011, se trata de un ejemplar joven de Azor que los agentes forestales rescataron por algún motivo (la verdad es que no recuerdo por qué fue, supongo que estaba herido, quizá por choque con tendido eléctrico). Por esa zona cercana a Torrejón de Ardoz, tenemos controlados nidos de Azor que vigila todos años concienzudamente la Sociedad para la Conservación de los Vertebrados (S.C.V.) para que nadie expolie y/o moleste en época de cría (en ese caso se avisa inmediatamente al SEPRONA) y que todos los años durante la última década, que es de la que yo tengo conocimiento, han sacado adelante a sus polluelos.

La verdad es que el Azor es un ave preciosa y un magnífico ejemplo de la valiosísima fauna que todavía pervive en las proximidades de Madrid: Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz, San Fernando de Henares, Coslada, Mejorada del Campo, Velilla de San Antonio, Campo Real, Arganda del Rey y Rivas-Vaciamadrid.

Y como acabamos de inaugurar año, 2018, aprovecho para desear a todos ustedes 365 días excelentes.

José Ignacio López-Colón