Pasado mañana, 26 de mayo, una parte significativa del electorado de Rivas Vaciamadrid que tiene pensado votar en las Elecciones Municipales experimenta una sensación de duda y confusión a la hora de decidir su voto. Así nos lo transmiten y así creemos que ocurre.
La confusión viene en parte producida por el hecho de que haya dos candidaturas (Podemos y Rivas Puede) que la gente cree que son la misma cosa, y no entienden cómo es que va a haber dos papeletas diferentes, y cuál es la que deben elegir. Pero así será y hay que empezar diciendo que quien quiera votar a PODEMOS en Rivas, necesariamente tendrá que elegir la papeleta que tiene el nombre de PODEMOS en el espacio destinado al logotipo, y sólo esa papeleta. Cualquiera que pretenda introducir confusión a este respecto, está engañando interesadamente a quien le escucha.
Comprendo que en la política se dan procesos a veces confusos para quienes no están especialmente interesados en ella, y mucho menos implicados en la misma. Uno de esos procesos es el de confrontación de ideas y de intereses, que muchas veces da como resultado la separación (aunque en otras ocasiones también se produce el resultado contrario: la unión) entre fuerzas políticas. Poco puedo añadir a lo que cualquiera puede imaginar acerca de la confrontación de ideas: sólo se da entre quienes las tienen y sienten que deben defenderlas. Que el resultado de esa confrontación no nos guste o nos guste poco no nos debe llevar a no entenderlo. Simplemente, unos piensan de una forma y otros, de otra.
En el caso de Rivas Vaciamadrid, Podemos nació con una fuerza sorprendente, allá por 2014. Nos preciamos de ser el primer círculo de Podemos creado en toda España y de haber ganado todas las elecciones que se han dado en Rivas desde nuestro nacimiento, a excepción de las municipales de 2015 y las recientes Generales del 28 de abril pasado. En este último caso, tenemos claro que la presión brutal hacia el llamado voto útil impulsó tremendamente al PSOE (cosa por la que felicitamos a ese partido, que obtuvo un resultado casi histórico). Unidas Podemos, la marca dentro de la cual concurrió Podemos, se quedó en segundo lugar a sólo 1.700 votos, algo que, sinceramente, nos parece una proeza en medio de esa ola, ya mencionada, de presión.
En el caso de las Municipales de 2015 la cosa fue distinta: pocos meses antes de las elecciones, Podemos había decidido no presentarse en ningún municipio con su propio nombre, lo cual llevó a que la gente de Podemos que sentía que había que estar presente en las instituciones también a nivel local, se decantara por distintas soluciones para conseguirlo, dependiendo del municipio: en unos sitios se crearon Candidaturas de Unidad Popular; en otros, coaliciones electorales; y en otros se utilizó una figura legal que por entonces se puso de moda: el «partido instrumental». Éste no es un tipo de partido distinto formalmente de cualquier otro, sino algo que unas personas crean porque es el instrumento legal que consideran que mejor les permite conseguir sus fines políticos de forma lícita.
En Rivas, la gente de Podemos optó por esta última vía, creando un partido de ámbito estrictamente local, al que se llamó Rivas Puede. Ciertamente hubo personas de Rivas que se apuntaron a dicho partido y que no eran de Podemos, pero la verdad es que aproximadamente el 90% de las y los componentes e inscritos en Rivas Puede éramos inscritos en Podemos. Algo, dicho sea de paso, que permitían los estatutos de Podemos y también los del recién creado Rivas Puede, ya que no se iba a dar entre ambas formaciones políticas la única situación que hubiera invalidado la pertenencia de tantas personas a ambos partidos al mismo tiempo: la confrontación en un mismo proceso electoral. Podemos no se presentaba con su nombre, luego la candidatura de Rivas Puede no confrontaba con Podemos.
La pequeña historia local recoge el resultado de aquella iniciativa: Izquierda Unida, que llevaba gobernando el municipio con la Alcaldía en la mano desde hacía décadas, perdió la mayoría absoluta que había tenido en la anterior legislatura (13 concejales) y pasó a tener siete. Rivas Puede fue la segunda fuerza más votada, a menos de 500 votos de distancia de IU, y obtuvo seis concejales.
Desde sus inicios, el sentido de Rivas Puede no fue otro que, simplemente, permitir que las ideas, formas de hacer las cosas y planteamientos en general de Podemos, estuvieran presentes en el Ayuntamiento. El código ético de Rivas Puede estaba prácticamente calcado del de Podemos; los estatutos, lo mismo; medidas como la limitación salarial, la obligación de donar a entidades sociales la diferencia entre el sueldo percibido y el marcado por el código ético, muy parecidos… Y más allá de eso, lo que hacía evidente la identidad entre ambas organizaciones era que no había más que ir a una asamblea de Rivas Puede y a otra de Podemos Rivas, para ver que se repetían sistemáticamente las caras en más de un 90% de los casos.
Si se mantuvo durante bastante tiempo la separación entre ambas asambleas fue porque se respetaba la existencia, aunque fuera en un porcentaje muy bajo, de gente que no estaba inscrita en Podemos pero sí en Rivas Puede. Sin embargo, con el paso de los meses, muchas de estas personas, por distintas razones, se alejaron de Rivas Puede y llegó un momento en que ya nada justificaba que se mantuvieran ambas estructuras por separado.
Un dato más relevante aún es el resultado, en el terreno organizativo, del Congreso que Rivas Puede tuvo en septiembre de 2016. En él, la estructura organizativa no contemplaba ninguna dirección, sino una simple coordinadora cuyos miembros eran propuestos por las distintas comisiones de trabajo y ratificados después por una asamblea. Pero no elegidos con carácter de dirección. Rivas Puede no tuvo jamás ningún portavoz formal, ningún secretario general, ningún Comité Ejecutivo, ninguno de esos órganos que tiene cualquier partido que realmente existe de forma independiente de los demás. Para más abundamiento, la decisión de entrar en el Gobierno municipal fue adoptada en primer lugar por las y los inscritos en Podemos, y sólo ratificada posteriormente por una asamblea de Rivas Puede. Era obvio qué fuerza política asumía realmente la responsabilidad de dicha decisión: Podemos Rivas a través de sus inscritos e inscritas. De hecho, la inmensa mayoría (por no decir la totalidad) de la gente de Rivas Puede, era también de Podemos y participó en esa votación interna de Podemos.
Sólo unos meses después de adoptar esa decisión, se inició un proceso tendente a la unificación de ambas fuerzas, mediante la realización de asambleas comunes de Podemos y de Rivas Puede (no crean, no se duplicó el número de asistentes: éramos los mismos). Al mismo tiempo, se ofreció a las personas que formaban parte de la Coordinadora de Rivas Puede, pero no del Consejo Ciudadano de Podemos Rivas, entrar en este último a título de invitados pero respetando sus opiniones y con el compromiso de ser tenidas en cuenta.
Durante algunos meses este proceso fue avanzando y parecía que todo terminaría en lo que hubiera sido más lógico: la entrada formal de Rivas Puede en Podemos Rivas, solucionando así un problema meramente formal creado en una situación que no tenía que ver ya con la que en aquel momento se daba.
Cambio de rumbo
Pero en medio de ese proceso se dio un factor que cambió definitivamente el rumbo de los acontecimientos: terminó el periodo por el cual había sido elegido el Consejo Ciudadano y el Secretario General de Podemos Rivas y hubo que convocar un nueva elección para esos órganos. Un grupo de personas, que se había ido decantando desde hacía tiempo tanto dentro de Podemos Rivas como de Rivas Puede, se presentó a las primarias para cubrir el puesto de Secretario General (debido a nuevas normas organizativas aprobadas en Podemos a escala estatal, Rivas no iba a tener ya Consejo Ciudadano, sino solamente Secretaría General). Se presentaron otras dos candidaturas más, y al final resultó más votada la encabezada por Andrés Sesmero. Esto ocurrió en junio de 2018. La derrota en las primarias no debió sentar nada bien al mencionado grupo de personas que había presentado una candidatura alternativa, porque tan sólo unos meses después comenzaron a tramar una «operación» consistente en desandar lo andado y hacer que Rivas Puede se constituyera, en la práctica y realmente, como un partido diferenciado de Podemos.
En opinión de varias personas que habíamos pertenecido a ambas formaciones desde el comienzo, la forma de llevarlo a cabo fue ilegítima: creemos que se alteró el censo, de forma que, casualmente, el número de inscritos en Rivas Puede necesario para forzar la convocatoria de una asamblea extraordinaria que eligiera una nueva dirección y crease una estructura de partido propia, coincidió casi exactamente con el número de personas que formaban el mencionado grupo. Consecuencia de esa convocatoria fue la rápida adopción de una serie de acuerdos (adoptados por un total de aproximadamente 40 personas, frente a los 1.500 inscritos en Podemos Rivas) que derivaron en la expulsión de casi todos los concejales que hasta el momento habían figurado representando a Rivas Puede y en la elección de una nueva Ejecutiva controlada por ese grupo de personas.
Curioso, esto de la expulsión de «casi» todos los concejales: de los seis que tenía el grupo municipal de Rivas Puede, cinco fuimos expulsados pero uno de ellos, no. La razón que aducía la nueva «Ejecutiva» era que esa persona (Miguel Quesada) nunca había sido inscrita en Rivas Puede. Lo curioso del caso viene dado porque nunca han explicado cómo es que, si no había estado nunca inscrito en Rivas Puede, sin embargo había podido presentarse en la lista electoral en 2015, y haber sido elegido concejal.
En mi opinión la explicación de todo esto es obvia: hay un grupo de personas que, iluminadas por un poder casi divino, sólo son capaces de reconocer como justo y políticamente correcto aquello que ellos creen justo y políticamente correcto. Se han basado en acusar a los concejales que estábamos en el Gobierno de haber «traicionado» los «ideales» de Rivas Puede al aprobar la concesión de la construcción y gestión del Centro Deportivo del barrio de La Luna a una empresa privada, considerando esto como un pecado mayor. El grupo de concejales explicó en varias asambleas las razones que le habían llevado a dar su voto a esa decisión, a pesar no ser lo que nos gustaba, porque con la legislación actual en la mano (Ley Montoro) no era viable su construcción y gestión municipal. Y sin embargo, explicábamos, era ya acuciante la necesidad de construir una nueva estructura deportiva de esta naturaleza, porque desde la creación de la última de parecidas características (el polideportivo Parque Sureste) había habido un crecimiento de población en Rivas desde las 35.000 personas de entonces, a las más de 80.000 que había a finales de 2017.
Pero este grupo de personas no quiso discutir argumento alguno y llegó a plantear como alternativa el que no se construyera esta infraestructura hasta que no pudiera hacerse con gestión directa municipal. Poco les importaba que no hubiera ningún horizonte visible para que cambiasen las leyes y eso pudiera hacerse. En definitiva, ponían su concepto ideológico de lo que es imperativo (la municipalización a ultranza) por encima de las necesidades acuciantes de la gente de Rivas. Comprendo, no obstante, que es un debate necesario, y estoy dispuesto a reconocer la posibilidad de que cometiéramos las y los concejales errores en este tema. Pero en ningún caso creo que un debate sobre esta cuestión tuviera que haber llevado a una ruptura belicosa y agresiva entre ese grupo de personas y el grupo municipal.
Pero este reconocimiento no evita constatar algo muy claro: quienes perdieron las elecciones a Secretario General de Podemos Rivas han conseguido, por medio de esta «conquista» de Rivas Puede, el medio para presentarse ellos a unas elecciones municipales. Son un grupo de entre 35 y 40 personas (ellos mismos lo reconocen en correos internos), pero juegan a presentarse como los únicos y auténticos representantes de las «esencias» de la candidatura de 2015 y de Podemos en general. En su haber, desde que han realizado esa conquista, sólo tienen una política de ataques superagresivos, iracundos e infames contra las y los concejales que hemos representado a Rivas Puede, primero, y a Podemos después, en el Ayuntamiento y en el gobierno de Rivas. Nadie habrá visto ninguna iniciativa política de este grupo, desde septiembre de 2018 hasta la fecha, que no haya consistido en eso. Remedando a aquel entrenador de fútbol: «Nunca positivo, siempre negativo».
Por nuestra parte, por parte de Podemos, hace tiempo que decidimos no entrar en peleas de bar (aunque se produzcan en las redes sociales) con ese grupo de personas. La dirección regional de Podemos Comunidad de Madrid ya avaló la actuación de las y los concejales y declaró públicamente rota la relación con Rivas Puede. Algún diputado autonómico de Podemos en la Asamblea de Madrid que ha apoyado pública y abiertamente el voto a Rivas Puede en contra del voto a Podemos, deberá explicar qué le lleva a seguir siendo diputado de Podemos y, al mismo tiempo, llamar a votar a otro partido, pasando así olímpicamente de las decisiones adoptadas por una dirección democráticamente elegida de su partido.
Pero no estamos para pelearnos con nadie que no tiene argumentos ni voluntad de discutir los que les presentan. Estamos para lo que siempre hemos dicho que estamos: para hacer la política que no queremos que otros nos hagan, ni a nosotros ni a la gente de Rivas. Nuestra candidatura, encabezada por Vanessa Millán, aporta un programa lleno de propuestas que ningún otro partido hace con la claridad y carácter novedoso de las nuestras. Es porque realmente nos preocupamos por decir a la gente lo que queremos hacer con el mayor detalle posible. 
Personalmente creo que, aun siendo la historia larga, es clarificadora. Cada cual vote lo que le parezca, pero si quiere votar a PODEMOS en las Municipales de Rivas, no se equivoque: coja la papeleta cuyo logo dice PODEMOS, y ninguna otra.   
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Antonio Flórez Miembro de la Candidatura de Podemos a las Municipales de 2019