Y apareció. Después de dos semanas de silencio, ya sabemos dónde ha ido. Eso sí, no sabemos si será un destino provisional o definitivo, aunque sí conocemos que esta nueva aventura del monarca fugado cuesta todos los días, en una suite presidencial de un hotel de máximo lujo, 11.000 euros. Una propinilla.

Se fugó, sin devolver la pasta y sin decir ni pío. Eso sí, se ha confinado en un sitio ‘horrible’, lejos de su familia y de su gente (léase irónicamente).

Pues sí, se encuentra en un lugar execrable. Mucho sol, mucha arena y mucho cemento y cristal. Un castigo demasiado cruel para un hombre cuya única culpa –presuntamente, claro– es haber distraído unas decenas de millones de euros. Una minucia.

Una estancia como decíamos en una humilde morada. Una habitación del hotel Emirates Palace –uno de los cinco mejores hoteles del mundo–, donde el pobre seguramente no tiene mucho que hacer, salvo jugar al tenis o al golf, nadar, montar en bici o caminar por las 90 hectáreas de la finca. Y, si su estado físico no se lo permite, siempre puede jugar al bridge o al cinquillo con su escolta y el mayordomo que el hotel pone al servicio de cada huésped de alto nivel. Aunque suponemos que pasará gran parte de su tiempo tratando de recuperar todo el dinero que según Corina tiene en varias cuentas corrientes por todo el mundo.

Como puede apreciarse, el pobre, lo pasará fatal. Por cierto, que las malas lenguas dicen que también sirven muchachas que pasan del hiyad al desnudo integral. La prohibición de la prostitución es simplemente un gesto y las autoridades hacen la vista gorda para ayudar al turismo rico, que como todos sabemos, tienen aspiraciones sexuales y dinero para aumentar la riqueza del país. Un país autocrático donde los derechos humanos no se respetan, donde la mujer es un artículo de cuarta categoría y donde, por ejemplo, es legal la poligamia.

Pues bien, huido y desterrado, se ha salido con la suya. Ahora se encuentra en un país donde el rey y el príncipe son sus amigos, donde le ríen sus gracias aunque sean delito, donde está rodeado de países amigos como Arabia Saudita, y lejos de España. Ya verán cómo si le citen judicialmente no vendrá, como mucho le veremos por Internet.

Podría haber elegido un sitio más cercano, pero ¿para qué? Estar lejos de donde presuntamente se ha cometido un delito es conveniente. Además, cerca siempre estaría más a tiro de las autoridades judiciales suizas y españolas. Así es que, entre Portugal y Emiratos, ha elegido lo mejor para sus intereses.

Su inmunidad y su impunidad es de lo más elocuente. No sólo se ha ido sin devolver un euro, es que además alguien tiene que explicar cuánto nos está costando la broma. Hablo del viaje, del hotel, de los escoltas, de los gastos de este presunto delincuente. Y nos toman el pelo diciendo que no recibe nada del presupuesto de la Casa Real. Pues ya me dirán de donde saca fondos.

Porque estamos casi en la ruina por la pandemia, pero ahí están el PP y el PSOE sin decir ni pío y recordando las hazañas del emérito sin soltar una crítica sobre su denigrante comportamiento.  Negando la posibilidad de llevarlo al parlamento e investigarlo. Aquí la pinza vuelve a su estado natural. Y ya está bien de la famosa excusa de que no es el momento, que no es prioritario. Nunca fue más necesario. Es el momento de ver qué quieren los ciudadanos, Monarquía o República. Lo que ocurre es que hay miedo. Ya sabemos que desde hace varios años no se hace esta pregunta en las encuestas del CIS, y no hace falta que nos digan por qué. ¡Miedo!

En fin un culebrón grave que se trata de encubrir por la gran mayoría de los partidos incluido el PSOE y por los medios de comunicación, incluidos algunos que dicen ser de izquierdas, por su supuesto ‘heroismo’ durante la transición y el golpe del 23F.

Independientemente de que no crea en ese liderazgo durante la transición –lo que hizo Juan Carlos fue adaptarse a lo que había en Europa y asegurarse su puesto por mucho tiempo– y su comportamiento contra el golpe de Estado el 23F –sólo actuó y habló cuando el golpe había perdido su fuerza, sin que conozcamos qué hizo y qué pensaba durante toda la noche–, no se puede salvar los delitos cometidos por un posible delincuente, aunque supuestamente hubiera actuado bien con anterioridad. Y es que nuestra Justicia deja mucho que desear. Menos mal que la Justicia suiza le ha marcado el rumbo y le ha obligado a obrar en consecuencia.

Es hora de decidir cómo queremos que sea nuestra Jefatura del Estado. Es hora de que los Borbones dejen de hacer borbonadas y de que podamos votar al Jefe del Estado. Todo por bien de la democracia.

Salud y República