Se acabaron las vacaciones, y los políticos vuelven a sus respectivas responsabilidades. Si hacemos balance del año que llevamos vivido por culpa del (¿o la?) Covid-19, nuestros representantes políticos han trabajado muy poquito. Eso sí, todos merecedores de vacaciones estivales porque están muy cansados: ¡Pobres! Me dirán que siempre estoy con la misma matraca, que me meto mucho con ellos, que no les doy respiro…., pero no. He estado todo el mes de agosto sin decirles nada; no por mí, sino porque ellos están descansando pues se han cansado mucho. Cuando escribo estas líneas, se reúnen los responsables de las distintas Comunidades Autónomas, con el Ministerio de Educación que, en un solo día, han llegado a un acuerdo protocolario para la asistencia a clase del próximo curso. Se tomará la temperatura cada día a la llegada al centro, se mantendrá la distancia de 1,5 metros, la ventilación de las aulas deberá ser muy frecuente, y los niños deberán lavarse las manos cinco veces al día. Bienvenido sea el acuerdo, cuando hay voluntad, se llega al consenso rápidamente; aunque creo han tardado mucho en ponerse a trabajar pues el curso escolar comienza en pocos días, y no era cuestión de tener 17 protocolos distintos dependiendo de cada Comunidad Autónoma. Veremos si, al final, todos cumplen al unísono, o cada cual va por su lado. Y los principales sindicatos proponiendo huelga…, ¿no saben hacer otra cosa?, ¿no existe otra alternativa?

Aunque sí es cierto que, en materia sanitaria, y con los miles de contagiados, hospitalizaciones y fallecimientos diarios, cada comunidad va por libre, hecho en falta una directriz central, básica, un protocolo mínimo de actuación generalizado que cada uno desarrolle de acuerdo a sus circunstancias personales, pues el Gobierno de la Nación, no puede delegar sin más en que es responsabilidad de las CCAA porque lo tengan transferido. No me gusta –aunque parezca lo contrario–, criticarlo todo y no favorecer acuerdos que permitan hacer camino al andar; pero tampoco me resultan propicios los silencios y la dejadez de quienes, tras llegar al poder, y no me refiero sólo al Gobierno central, parece que no tuvieran otra opción política que la de aguantar, esperar y ver qué pasa. ¿De verdad creen que así se pueden solucionar unos problemas que tienen toda la traza de querer enconarse y perdurar? Con el panorama que se nos avecina: Profesionales sanitarios insuficientes, incluso en residencias de mayores, falta de rastreadores, finalización de los ERTES, un aumento del paro descomunal, turismo inexistente, el PIB enfermo, autónomos y pequeños negocios cerrados, la ineludible subida de impuestos (porque no hay otra) que pagaremos siempre los mismos, etc. Pero…, las vacaciones hay que disfrutarlas, son sagradas.

Hemos celebrado y aplaudido el acuerdo al que hemos llegado con la C.E. en relación a los fondos que han destinado a España y, efectivamente, ha sido un excelente trabajo; pero nos llenamos la boca hablando de generación de empleo, de tantos millones en inversiones, y me pregunto: ¿Dónde se está invirtiendo?, ¿en más construcción?, ¿en más zonas grises?, ¿en más cemento? Porque lo que está claro es que no se invierte en más investigación, desarrollo, innovación, ni el mantenimiento de nuestro patrimonio cultural, ni en la limpieza de nuestros ríos y barrancos, ni en la protección de nuestros ecosistemas y medio ambiente. Necesitamos otra forma de hacer política, otros políticos y políticas que no miren su interés personal o el de su partido, y que busquen soluciones. En realidad, aunque parezca increíble, a un polític@ español se le exige menos que a un barrendero municipal o a una secretaria. No aceptan que se les pidan títulos, ni conocimientos de idiomas, ni experiencia, nada. Pero ya es hora de exigirles un mínimo de vida laboral y profesional, títulos que demuestren su preparación y algunos valores y compromisos, tales como la lealtad, la decencia, el respeto y la disposición a dimitir cuando se comenten errores graves, como le ocurre a cualquier trabajador de a pie en sus distintos trabajos. Esta gente, auto-convertida en una odiosa casta de privilegios y semidioses sin grandeza, deben aprender que el pueblo les paga, y que están obligados a servirle, algo que en el presente parecen desconocer.

Decía Montesquieu que “la corrupción rara vez comienza por el pueblo”. Esto está demostrado pero la parálisis y apatía que se fomenta o se consiente desde el poder (no sólo gubernamental), es algo que se paga antes o después. Por ello, es tan necesario clamar por una coalición y entendimiento aunque como dijo Mollet, ésta sea “el arte de llevar el zapato derecho en el pie izquierdo sin que salgan callos”.  Por favor, empecemos por tomar medidas, ayudar al Gobierno de turno con ideas y propuestas, y que éste las estudie y acepte sin son interesantes. En definitiva, ponernos a trabajar para combatir lo que se nos viene encima. ¿Y si comenzamos por rebajar el tremendo gasto político que tenemos? La coalición PSOE-Podemos lleva a récord los altos cargos de un Gobierno con, nada menos, que 732…. ¡Y siempre nos pilla el toro porque llegamos tarde a todo!

Miguel F. Canser

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