A todos y a todas se nos llena la boca constantemente argumentando sobre la necesidad de la ‘unidad de la izquierda’, aunque verdaderamente la absurda unidad que reclamamos es en torno a uno mismo ¡uníos todos conmigo! ¿Se ha visto cosa más egoísta, egocéntrica y absurda que eso?

Justificándolo como ‘derecho a divergir’, ‘libertad de expresión, de decisión, etc.’, continuamente dividimos y subdividimos los partidos de izquierda hasta atomizarlos de tal manera, que su eficacia es nula. Aquellos que nos escuchan,  se sienten incapaces de entender las razones de tantas rupturas, tanto partido nuevo,…, no entienden las diferencias entre unos y otros que muchas veces son matices, incluso que los mismos miembros de los partidos y subpartidos ni siquiera comprenden. Finalmente votan lo más estable, lo que parece seguro.

Toda la izquierda entiende que ‘si no va unida nunca conseguirá nada, nunca podrá desplazar a la derecha de los órganos de poder donde hace y deshace a su anchas y en su provecho’. Aun sabiéndolo, casi cada cual se considera un ‘ente autónomo’ con capacidad y derecho para constituir su propio partido, llamando después a que los demás se unan a él. ¿Dónde queda el concepto de ‘clase’, el sentido de grupo, la disciplina de partido,…? Ejemplos en el último tiempo podemos contar a docenas, sin necesidad de citar nombres o siglas. ¡Después y en función de los resultados electorales ya negociaremos!, se dicen unos y otros, pero al final los resultados son los que son y las negociaciones son imposibles ya que no suman para hacer gobierno. De lo que nadie se acuerda después, es de reflexionar sobre sus ‘egos y responsabilidades’ y en consecuencia acatar las decisiones oportunas por duras que puedan ser. Prefieren buscar los culpables al margen de uno mismo aunque sea rebuscando razones de lo más peregrinas, pero de humildad nada de nada.

En España la izquierda ha perdido las dos ciudades más emblemáticas, Madrid y Barcelona, además de otras cuatro más donde gobernaba, A Coruña, Santiago, Ferrol y Zaragoza, seguido de un montón de localidades más pequeñas. En todas ha perdido representación, y ni con pactos se consiguen los gobiernos.

En todas las ciudades en las que Podemos y las confluencias han decidido presentarse por separado, ha sido un desastre. En todas las comunidades Podemos está en retroceso. En Madrid Isa Serra (candidata de Unidos Podemos) se ha ‘salvado por los pelos’ de quedarse fuera por no llegar al 5% (5,6% obtenido), como ha sucedido con Sánchez Mato (candidato de IU/Anticapitalistas en Madrid), que se ha quedado muy lejos de los mínimos. ¿Y todo esto no nos dice algo? ¿No deberían algunos/as ‘rasgarse las vestiduras y dimitir (o retirarse) ante tan flagrantes errores cometidos?

La responsabilidad de los líderes nacionales, de esos cabezas de lista, de esos ideólogos de pacotilla…, no solo les abarca a ellos y a su entorno, también a las y los embarcados en la aventura, resquebraja el concepto de izquierda política, menoscaba a su propio partido y defrauda a los miles de electores que les creyeron y les confiaron su voto. Pero lo que es peor, hunde cada vez más a la izquierda y regala el poder a las derechas para que sigan robando y machacándonos a sus anchas…

¿Es que no debería ser un objetivo superior neutralizar a los corruptos en beneficio de lo común y colectivo, por encima de nuestros egoísmos, personalismos y aspiraciones individuales?

Y no solo me refiero al ámbito autonómico o nacional. En nuestra ciudad Rivas ha ocurrido y está ocurriendo exactamente lo mismo, en estas elecciones se han ido por el desagüe 3.717 votos, además de un proyecto común de la izquierda y las ilusiones de muchos miles de votantes, esto por los intereses de unos pocos y por la incapacidad de los que dirigen, por no ser capaces de ponerse de acuerdo.

En los respectivos comunicados a posteriori, todos los partidos hablan de la necesidad de reflexionar, ojala en esa reflexión pese menos la arrogancia y más la humildad, esa que nos permita dialogar caminando hacia la unidad.

JuanM del Castillo